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Nota I: Subversivos y “subversivos” Por Juan Labake Ex Diputado Nacional Y ex Abogado defensor de la Señora Isabel Peron
Nota II La subversión durante el Primera parte Nota III La subversión durante el Nota III La subversión durante el
Si usted no desea recibir nuestros mensajes, por favor envíe un correo-e con la palabra Eliminar. Mensaje político Nº 255
31-01-07
Serie: Han convocado a los espíritus. ¿Sabrán conducirlos?
Nota V: La subversión durante el gobierno constitucional Cuarta y última parte Por Juan Gabriel Labaké La ideología de los terroristas de “derecha” En la década de 1950 (presidencias de Dwight Eisenhower y John Fitzgerald Kennedy, “halcón” uno y “paloma” el otro: dos caras de la misma moneda imperial) los EEUU adoptaron la interesada doctrina de la guerra revolucionaria (la del “eje del mal”, que en ese tiempo era el comunismo soviético) y la contrarrevolucionaria (la del “eje del bien”, representado siempre por EEUU por “voluntad de Dios”, perdón, de un inexistente dios). Dicha doctrina fue difundida y apoyada con toda seriedad por la prensa seria del mundo entero, incluida la argentina, claro está. También fue enseñada y promovida “manu militare” desde la Escuela Militar de las Américas, perteneciente al Comando Sur del Ejército Norteamericano, cuya sede estaba en la llamada “Franja del Canal de Panamá”. Y bien, desde que se fundó esa escuela y hasta que asumimos el gobierno (25-5-73), entre 1.200 y 1.400 (según los distintos autores) oficiales superiores de las Fuerzas Armadas ¡argentinas! habían sido becados por el Tío Sam para que en ella los programaran debidamente en la lucha contrarrevolucionaria, que en última instancia consistía en matar a los “bolches”, a los “seudobolches”, a los “criptobolches”, a los amigos, parientes y conocidos de los “bolches” y a quienes figuraran en la agenda de un “bolche”. La prioridad no era liberarnos de la dependencia, desarrollar nuestro país, recuperar la justicia social y los resortes de la soberanía nacional y de nuestra economía, o promover la cultura nacional, sino ayudar a EEUU en su heroica lucha contra la URSS por la conquista de… los mercados. De la misma manera en que, hoy, la prioridad del presidente Kirchner en política exterior es ayudar a los EEUU en su heroica lucha contra el terrorismo internacional, cuyo brazo más peligroso y activo tiene su sede en… la Triple Frontera. También de la misma manera en que hay algunos oficiales superiores retirados de las Fuerzas Armadas ¡¡argentinas!! que recitan, como si fuera el Credo, los Planes Santa Fe I, II, II y IV, elaborados por el Pentágono para el control militar de América latina. Los 1.200 a 1.400 oficiales superiores programados de esa forma fueron los principales autores del golpe de 1962 contra Frondizi (en el que tuvo destacada actuación ideológica y literaria Mariano Grondona), del de 1966 contra Illia (con renovados bríos puestos al servicio de los golpistas por Mariano Grondona, autor del famoso Comunicado 150, y ayudado por el inefable “demócrata” e “izquierdista” Jacobo Timerman), y del de 1976 contra Isabel (apoyado, preparado y fomentado por muchos, muchísimos Mariano Grondona y Jacobo Timerman, algunos de los cuales vestían nuestra camiseta). La moral de Grondona, Márquez y los terroristas de Estado Para tener una idea cabal del terrorismo que infundía a la doctrina de la guerra contrarrevolucionaria y a su hija, la dictadura militar del Proceso, cito a su principal defensor civil: Nicolás Márquez, periodista del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, quien, en su libro “La otra parte de la verdad”, expresa (pág 78): “Un brillante intelectual como Mariano Grondona afirma: ‘(Existe) la racionalidad respecto a los fines (Maquiavelo: el fin justifica a los medios), y la racionalidad respecto de los valores (E. Kant: que se haga justicia aunque el mundo perezca). En los casos límite salta a la vista el conflicto entre ambas racionalidades. Nozick imagina a un policia que se ha vedado a si mismo torturar en nombre de un valor: los derechos humanos. Pero ocurre que su prisionero sabe dónde está la bomba atómica que hará volar la ciudad en un par de horas… ¿Qué hará en este caso el policia moral? Para que se cumpla un principio, ¿dejará perecer a la ciudad? Por eso Weber sugiere que no hay una sino dos éticas: la ética de la convicción (obrar según valores) y la ética de la responsabilidad (medir las consecuencias prácticas de nuestras acciones). La moral de la convicción es sostenida habitualmente por teólogos, filósofos y periodistas… la moral de la responsabilidad es propia de los políticos, los empresarios y los militares…´” Hasta ahí las “enseñanzas” de Grondona, el supuesto especialista en filosofía griega que, por lo visto, leyó sólo a los sofistas, sin llegar jamás a Sócrates, quien murió por defender “la moral de la convicción” (¡bueno!... leer a Sócrates es una hazaña que sólo pudo cumplir en el mundo el ex presidente Menem...). Hace 20 años, Grondona, defensor de la tortura, escribió un libro titulado “Bajo el imperio de las ideas morales”, ¡nada menos! (Sudamericana, Buenos Aires, 1987). En él, este sofista televisivo “enseña”: “los representantes más notables de las ideas morales en el mudo actual son, sin excepción, (los utilitaristas) anglosajones Rawls, Nozick, Dworkin y Hart”… “La Latinidad no tiene otro modo de competir con los anglosajones que haciéndoles una reverencia, como hizo Japón en 1945”… “el utilitarismo no sólo es hedonista, también es progresista” (¡menos mal!)… “Nozick (¡ahí lo tienen!) sostiene la legitimidad del ‘Estado mínimo”… “Por eso, el debate sobre el pensamiento moral, es hoy un debate anglosajón”. En definitiva, el maestro de la tortura “grondoniana” y procesista es un anglosajón, utilitarista en filosofía, y legitimador del Estado mínimo, el concepto central de los neoliberales (Menem y Cavallo, por ejemplo). Está todo claro. Nicolás Márquez avala y alaba la sibilina defensa de la tortura aplicada masivamente por la dictadura militar, que hace el “brillante intelectual”, y agrega: “Esta grave disyuntiva es la que enfrentó Francia con Argelia, y EE.UU. con Vietnam. En la actualidad, Israel la tiene en su virtual guerra con Palestina y la resolvió optando por la autorización legal de efectuar interrogatorios bajo tortura y ejecuciones especiales de adversarios sin juicio previo. Opciones similares ejerció EE.UU. con los terroristas prisioneros en Guantánamo, o los rusos con los terroristas chechenios”. Coincido: los únicos dos Estados terroristas, que han legalizado la tortura para horror y escarnio de la Humanidad, son EE.UU. e Israel. Y aclaro: a) Israel no está en guerra con Palestina, sino que invadió a esa nación mártir hace más de medio siglo, y desde tortura “legalmente” a su pueblo. b) De la misma manera, Francia era un verdadero invasor-torturador colonial de Argelia, y EE.UU. lo fue en modo neo-colonial de Vietnam, además de serlo de Afganistán e Irak, y pronto de Irán y quizás de… la Triple Frontera, siempre con la ley de la tortura en la mano, claro está. De esa forma, Márquez pretende justificar la tortura aplicada por los militares “procesistas” y, sin quererlo, ratifica nuestra afirmación inicial: la ideología y la metodología usadas por la dictadura militar argentina nacieron en el vientre del monstruo; nuestros genocidas y torturadores aprendieron “el oficio” de sus maestros norteamericanos, israelíes y, remotamente, de los franceses, en la citada Escuela Militar de las Américas del Comando Sur del Ejército Norteamericano. Los civiles (policías y “voluntarios” de la Tripe A y otros grupos) sostenían idéntica “ideología”: el “trapo rojo” debía ser eliminado como única y excluyente prioridad, aun a costa de torturarlos, para mayor gloria de… EE.UU. Me libero del trabajo de dar la lista macabra de atrocidades cometidas por la Triple A y la “derecha”, porque ésa es una tarea que cumple a la perfección y sin respiro el gobierno actual. Di el detalle de los similares crímenes de la “izquierda” porque, en este caso, el matrimonio Kirchner y su equipo guardan un silencio tan sepulcral como sospechoso (sería muy interesante que los peronistas Carlos Kunkel, Eduardo Luis Duhalde, Miguel Bonasso y Horacio Verbitsky nos dieran su versión al respecto… previa autorización del peronista matrimonio presidencial, por supuesto). En su momento, todos fuimos montoneros Justo es decirlo: antes del 25 de mayo de 1973, cuando los montoneros luchaban contra la dictadura de Onganía y Lanusse, la inmensa mayoría del país los vio con ojos románticos. Eran los muchachos idealistas que, a semejanza de Fidel y el Che desde Sierra Maestra, se jugaban la vida por sus ideales. Su lucha ayudaba en nuestra búsqueda del retorno de la democracia y de Perón. Nuestra simpatía inicial hacia la guerrilla tuvo otro motivo: las primeras escaramuzas (Taco Ralo, etc.) fueron realizadas por peronistas de ley (Gustavo Rearte, “Cacho” El Kadre, y varios más), que nada tenían que ver en ese entonces con la tilinguería de “!izquierda”, tipo Mayo francés (1968) o ensalada “católico-marxistas”. En ese clima, a los “montos” se les perdonó (les perdonamos) muchas cosas. Incluso, entre nuestra asunción (25-5-73) y mediados de julio de ese año (en que comienzan a enfrentar muy abiertamente a Perón y a agraviar a Isabel) varios diputados nacionales aceptamos conformar con los 15 colegas montoneros un grupo parlamentario juvenil (aunque yo tenía ya 39 años…) destinado a contrarrestar la influencia de los “viejos y retardatarios”. Pero el trabajo legislativo en común con ellos se tornaba cada día más difícil porque no aceptaban discrepancia alguna sobre los temas “sensibles” para cualquier peronista: lealtad a Perón, respeto a Isabel, pluralidad de líneas internas, convivencia con los aliados del FREJULI y apoyo al pacto social (alentados ambos públicamente por el General por ser parte esencial de su proyecto de unidad nacional), etc. La situación explotó al momento de elegirse la fórmula presidencial: La inapelable e insultante argumentación de los montos se redujo a los gritos de “Si Evita viviera, Isabel sería copera” y “No rompan las bolas, Evita hay una sola”, como si Isabel hubiera mostrado alguna vez el más leve indicio de querer reemplazar a una mujer irreemplazable como Evita. Entonces dejé de concurrir al grupo parlamentario juvenil de trabajo. Cinco meses después, con motivo de mi defensa del proyecto de reforma del Código Penal, que solicitó en forma expresa Perón en diciembre de 1973, tanto Montoneros como el ERP me condenaron formalmente a muerte, de acuerdo con una nota que recibí en enero de 1974 de ambos grupos subversivos terroristas. La condena “será ejecutada en el momento y en el lugar en que la conducción lo decida”. La verdad es que no hice caso de esas “condenas”, no porque el miedo me fuera ajeno (todos sentíamos miedo, como es humano) sino por aquello de que “perro que ladra no muerde”, y los montos y erpianos habían dado sobradas muestras de que cuando mordían, ¡y vaya si mordían!, lo hacían sin ladrar previamente. El 1º de julio de ese año de 1974 murió Perón. Para los violentos de la “izquierda” y de la “derecha” había llegado el momento que con tanta ansiedad esperaban: enfrentarse a cara de perro y con las armas en la mano para que uno de ellos, el que tuviera más poder de fuego y suficiente estómago como para matar más adversarios (competidores por la herencia del Viejo) se quedara con el botín. Y asi sucedió: a partir de ese fatídico 1º de julio la carnicería fue atroz. Las víctimas propiciatorias de esa orgía de sangre fueron, en primer lugar, los inocentes que murieron por las balas de uno y otro bando, y además el pueblo argentino en general y el gobierno constitucional de Isabel en particular. Buenos Aires, 31 de enero de 2007 Próxima nota: Perón les tendió la mano hasta último momento.
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