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LA CONQUISTA DEL MAR DULCE
EL HAMBRE EN EL RIO DE LA PLATA

La Conquista Española

Los Aborígenes

Los Adelantados

El Oro del Perú El Hambre

Pedro de Mendoza


El Hambre: Los indígenas sitiaron la mísera aldea y lanzaron flechas incendiadas sobre los ranchos de paja. En esta situación angustiosa, aislados y sin recursos, los primeros habitantes de Buenos Aires empezaron a comerse todo lo que estaba a su alcance: ratas, ratones, víboras, cueros, zapatos, carne podrida, caballos y luego los cadáveres de los ahorcados que fueron castigados por comerse los caballos a pesar de las prohibiciones. Hubo incluso quien asesinó para comer. Mucho después de estos hechos, recordaban los memoriosos

los nombres de quienes habían comido carne humana urgidos por las circunstancias, como un tal González Baitos, que vivía entonces en el sur de Brasil.

En medio de esta catástrofe, las pocas mujeres que habían acompañado a los soldados dieron prueba de una gran resistencia física y de serenidad. Isabel de Guevara, una de aquellas primeras pobladoras~ explicó lo ocurrido en estos términos: “Vinieron los hombres en tanta flaqueza, que todos los trabajos cargaban de las pobres mujeres, así en lavarles la ropa como en curarles, hacerles de comer lo poco que tenían, limpiarlos, hacer centinela, rondar los fuegos, armar las ballestas, cuando algunas veces los indios les venían a dar guerra (...) porque en este tiempo como las mujeres nos sustentamos con poca comida, no habíamos caído en tanta flaqueza como los hombres”’0.

Sólo la tercera parte de bis 1.500 expedicionarios sobrevivió al hambre, las enfermedades y los ataques de los indios. Con el tiempo las cosas mejoraron y los querandíes, tan trashumantes como los gitanos, dice Ulrico Schmidl, desaparecieron en la inmensidad de la llanura”.

Mendoza, sin haber pasado las penurias del hambre, pues siempre tuvo alimentos variados en su mesa, se encontraba gravemente enfermo. Padecía de sífilis, el “mal gálico” como se lo llamaba entonces, contraído en las guerras de Italia. A pesar de su mala salud, y de la debilidad de su hueste, el Adelantado se empeñó en cumplir con las tres fundaciones a las que se había comprometido:

Buenos Aires que fue el primer establecimiento; Corpus Christi, río arriba, el segundo, y Buena Esperanza, el tercer fuerte, fundado por Mendoza antes de embarcarse de regreso a España. Don Pedro falleció en el viaje y su cuerpo fue arrojado al mar.

La designación del sucesor había recaído en Ayolas, el asesino de Osorio. Pero Ayolas emprendió una exploración en pos de la fabulosa Sierra de Plata de la que no regresó. No hubo más noticias concretas, sólo rumores, sobre su posible paradero. Quizá pesaba sobre él la misma maldición que sobre Mendoza, por matar a traición como murmuraban sus soldados. Así, con mucha pena y poca gloria, concluyó lo que pudo ser una página brillante de la historia de la Conquista.

Pero más allá de los fracasos y desilusiones, gracias a estas primeras navegaciones habla sido reconocida por europeos lo que tres siglos más tarde sería considerada la patria de los argentinos. (Estos hechos han sido poéticamente evocados por Jorge Luis Borges en los versos de Cuaderno San Martín (1929))

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