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¿Por qué Sarmiento centrandome en su labor periodÃstica? Fue una decisión bastante personal ya que me interesa mucho el periodismo. En realidad, me fascina todo lo que tenga que ver con los medios de comunicación y, por ende la expresión de ideas. Por eso al comenzar a leer sobre este personaje tan particular, pude notar que de alguna manera él también sentÃa lo mismo que yo, quizás de una forma mucho más profunda, pero siento que compartimos este mismo de deseo de expresarnos aunque nadie nos pueda escuchar, de compartir aunque nadie quiera recibir, de dialogar aunque nadie tenga tiempo para contestarnos. Y lo percibo en su obra, en su manera tan particular de escribir que demuestra que no le importa la estructura formal de sus escritos, sino expresar simplemente lo que siente en su corazón. De allà su literatura orgánica y caracterÃsticamente humana. Y me apasiona ver todo lo que hizo para satisfacer esta necesidad inminente de expresión. Siendo conciente de que no todos fueron éxitos, también hubo fracasos, pero sirvieron de experiencia para superarse cada momento. Es asà que de alguna manera quisiera poder llegar a ser como él fue. Tesonera, sin rendirme, luchando contra lo que sea por lograr ese, mi objetivo que sé que es correcto y vale la pena. Con este ensayo me gustarÃa poder compartir aunque sea una milésima parte de este sentimiento con ustedes, para que nos demos cuenta de que no es imposible lograr lo que nos proponemos, que nuestros sueños no son tan lejanos si realmente queremos y estamos dispuestos a sacrificarnos para alcanzarlos. Quisiera también que encontremos en Domingo Faustino Sarmiento esta figura, no de héroe, sino de ejemplo claro y práctico de que no hace falta tener cualidades extraordinarios ni poderes sobrenaturales para ser quienes queremos ser, felices con lo que tenemos, siempre ambicionando más dentro de las posibilidades. Voy a encarar el desarrollo de este ensayo basándome en su obra periodÃstica relacionándolo, inevitablemente, con su papel de escritor ya que fue esta actividad la que realizó durante más tiempo y donde se vio más claramente reflejada su alma de periodista. Viendo cómo influyo este espÃritu de comunicador en todo lo que hizo, no sólo relacionado al arte de las letras, sino también en todos los aspectos de su vida. Todo acaba en algún momento, todo tiene un final. Todo, menos la palabra, la palabra es inmortal. Bienvenidos al mundo de Domingo Faustino Sarmiento, el periodista...  DESARROLLO  Sarmiento transformó efectivamente la prensa americana. Sus artÃculos, que conservaban el aspecto denso y la longitud, ahora extensiva, de los desarrollos doctrinarios, se componen de hechos y de ideas. La vanilocuencia del teorismo y de la injuria ha pasado. Queda sólo el casco repleto, en el tempestuoso desarbolo del buque, arrasado por los huracanes polÃticos. Aquellos artÃculos macizos como vigas, son la andamiada de la nacionalidad futura; y en ellos aletea o canta, al pasar la genuina poesÃa del recuerdo y de la esperanza, como una golondrina fugaz en el mechinal de la pared inconclusa. De ahà también que no sea "sueltista". Su concepto tiene demasiada trascendencia para resignarse a ese epigrama en prosa. Su literatura neológica y pintoresca, mal pergeñada también a veces, poseÃa una cosa superior al concepto rÃgidamente constructor de la academia: la vida, que es irregular pero fecunda. AñadÃa a esto el prestigio de su gran virtud comunicativa: la jovialidad, que era el reflejo dichoso de una salud moral inquebrantable. El estilo de Sarmiento introdujo el escándalo bienhechor de la risa, marchitada por el insulso epigrama purista y por la solemnidad retórica. Y tanto se adelantaba a su tiempo aquella campaña por el verbo libre del ideal, que sus frutos son todavÃa escasos . Sarmiento, como muchos otros jóvenes de su partido y de su clase, habÃa aprovechado la coyuntura; e insinuándose en el ánimo del gobernador, ciertamente accesible al orgullo local de tener en su provincia hombres tan instruidos, aquel grupo inició una serie de trabajos civilizadores. Constituyeron desde luego, bajo el nombre de Sociedad Literaria una sucursal de la Asociación de Mayo, fundada en Buenos Aires por EcheverrÃa. Era una especie de logia romántica que aunaba los generosos amores de la literatura y de la libertad, confiriendo a la juventud adherente algo asà como un bachillerato de civismo. Los jóvenes leÃan autores nuevos europeos, discutÃan sus doctrinas, amaban la libertad y argumentaban sobre bases de organización social. Asà fue como el 20 de julio de 1839 aparece el semanario El Zonda, fundado por ocurrencia de Sarmiento a no dudarlo; pues fue el autor de la "constitución" de aquel instituto y lo dirigió en compañÃa de dos personas de su familia; asà como fue el director visible del periódico; en el conflicto, hizo que todo se hechara a perder. El semanario se caracterizaba por sus ataques y grandes crÃticas contra Juan Manuel de Rosas. Es por eso que sólo duró seis semanas: el gobernador de Buenos Aires levantó con arbitrariedad el precio de publicación del periódico, en la única imprenta existente, o sea la oficial, ocasionando su desaparición. En su último número el semanario formuló su testamento. Pero con su fundación, nuestro personaje ha iniciado su verdadera vida, pues será periodista por toda su existencia. Lo cierto es que desaparecido El Zonda, la sociedad reveló su verdadero carácter, conspirando de acuerdo con Brizuela, gobernador de La Rioja que se habÃa entendido con los unitarios, contra el mismo BenavÃdez. Fue aquello la repercusión en San Juan, del movimiento de 1840. BenavÃdez descubrió la conjuración, arrestó a Sarmiento que se habÃa quedado para cubrir con su presencia ostensible la fuga de sus compañeros, y siempre afable con él, no hizo sino desterrarlo a Chile. Pasó los Andes, runiando su propia médula libertina y romántica, con tal urgencia de producir, que en menos de tres meses habÃa publicado en Chile bajo seudónimo, con ocasión del aniversario de Chacabuco, un sonoro artÃculo patriótico que le valió el cargo de redactor en El Mercurio de ValparaÃso, órgano de aquella publicidad, y dos meses después el de fundador y director de El Nacional, primer periódico de Santiago. Cincuenta escasos dÃas le bastan para poner en movimiento y dominar la prensa trasandina. Por último El Censor, su postrer empresa, lo colocó entre los iniciadores de la más adelantada época del periodismo argentino. Median cincuenta años de tarea entre la primera y la última de esas hojas. Tarea de fe y de esperanza. En 1961, durante la guerra con las montoneras del Chaco, sus cartas al presidente Mitre contienen siempre esta doble solicitud: armas para asegurar el orden y con él la industria y el comercio, vÃctimas perpetuas del saqueo gaucho; imprenta, una imprentita", según su diminutivo premioso y confidencial, para la necesaria propaganda del bien público. Y luego, el consabido rasgo jovial: "No me deje usted sin mi trompa de elefante". La libertad indispensable a ese órgano de volar que es el periódico, la quiere ilimitada. " Un sabio error de nuestra constitución, ha puesto la prensa fuera de la jurisdicción federal. No tiene juez competente, aún para sus delitos". Con esto Sarmiento se refiere a que según la constitución federal, no existe aquà el delito de imprenta. O en términos filosóficos: la libertad del pensamiento jamás puede constituir delito, lo único que se castiga es el delito común, cometido por medio de la prensa. Esto equivale, sencillamente, a inaugurar una nueva civilización, puesto que es lo contrario de la antigua. La nación debe al liberalismo porteño esta garantÃa histórica. La libertad ilimitada del pensamiento, es el signo caracterÃstico de la dignidad humana. Pero la desea también mesurada para que sea provechosa. "Sólo Sarmiento, añade, ha trabajado en vano para imprimirle un poco de mesura". Hasta 1845, actúa en Chile como educador, periodista y literato, sin que sus grandes labores lo induzcan a interrumpir por un instante su campaña contra la tiranÃa. Siendo presidente, los ministros le piden que no escriba, porque exacerba las pasiones. Y acata la indicación. "Es preciso ser honrado el que habla, y las demás virtudes le vienen por añadidura, si tiene dilatable el corazón". De aquel estilo fragmentario proviene su caracterÃstica más saliente como autor de libros. Es el escritor de los trozos más selectos. Imposible encontrar en su inmensa obra una pieza completa. Esta peculiaridad, unida a su vocación de novelista, que no puede satisfacer porque necesita todas las letras para la gran obra de hacer paÃs, determina su predilección biográfica. Las "vidas" constituyen una especialidad de su literatura. "Gusto, dice, de la biografÃa. Es la tela más adecuada para estampar las buenas ideas". La falta de proporción, constituye el defecto correspondiente. La urgencia es digresiva por necesidad, y ahà está la falla de esas páginas. Hay veces que una digresión, con frecuencia destinada a lapidar un insignificante, ocupa dos terceras partes del trozo. Su positivismo da con frecuencia en excesos materialistas, apenas atenuados por el interés novelesco, siempre poderoso en él. Por esto atribuÃa gran importancia civilizadora a la lectura de novelas. "Las novelas han educado a la mayorÃa de las naciones". El exceso de positivismo torna a veces antipática y estéril su prosa, convertida en charla de cura laico, o en lección de economÃa doméstica. Sus carillas aprovechadas hasta el fin, sin ningún margen expresan quizá aquella tendencia. Cuando se mantiene en las regiones superiores de la moral práctica, que es la organización positiva de la bondad, su pensamiento está lleno de nobleza. "Toda la historia de los progresos humanos, es la simple imitación del genio". Sin duda, su vida entera ratifica esta verdad. Su originalidad proviene en gran parte de su improvisación de periodista. Es de ocurrencias más que de expresión, excepto cuando describe el medio natal que la lleva de por sÃ. Inicia los temas sin meditación previa, y por esto mismo es inesperado. "Mis ideas se arrastran al comenzar el escrito, que no adquiere vigor sino a medida que avanza, como aquellos generales a quienes la batalla misma ilumina". La imaginación creadora que levanta palacios con una sola piedra, cuya vinculación trascendental en la estética confiere el dominio de elementos dispares o contradictorios para cualquier otro, constituyen en él, el don inventivo. Siete años después de haber descrito la pampa en el Facundo, viene recién a verla con sus propios ojos. Y la descripción es fidelÃsima. Alguna vez ha llegado a escribir dormido. Su primera gran obra fue, sin duda, Facundo. La novela biográfica se publicó en 1845 y narraba la vida de Juan Facundo Quiroga, el aspecto fÃsico y hábitos de la República Argentina, también atacaba el régimen de Rosas. Se trataba al principio de un panfleto, redactado con la habitual premura, a hondo fuego de inspiración tan urgente, que no permitió esperar nilos dats pedidos a este paÃs. Forzado por el calor febril, como una planta excesiva, aquel libro resultó una creación extraña, que participa de la historia de la novela, de la polÃtica, del poema y del sermón. Facundo constituye todo el programa de Sarmiento. Sus ideas literarias, su propaganda polÃtica, sus planes de educador, su concepto histórico, están allÃ. Es aquélla nuestra gran novela polÃtica y nuestro gran estudio constitucional: una obra cÃclica. El primer escritor argentino verdaderamente digno de este nombre. Mayor vigor literato alcanzó Sarmiento en Mi defensa (1843) y Recuerdos de provincia (1850). Ésta última es el libro más sobrio y maduro, el mejor de Sarmiento literalmente hablando, son de aquella simiente. Representan con Facundo la tentativa lograda de hacer literatura argentina, que es decir patria; puesto que la patria consiste ante todo en la formación de un espÃritu nacional cuya exterioridad sensible es el idioma. Sus numerosas traducciones de libros útiles, desde el texto escolar a la biografÃa predilecta, robustecen su concepto de la literatura: órganos de civilización más que de recreo. Aquellos actos de humildad, en escritor tan personal y fecundo, son pruebas de alta abnegación patriótica. De ahà provino su idea de la convención latinoamericana para la traducción de obras, que lo llevó en 1884, enviado por Julio Argentino Roca como plenipotenciario intelectual. De cualquier modo, a partir de 1880, tras la elección presidencial de Roca, Sarmiento se fue alejando de la polÃtica para incrementar su labor literaria. AsÃ, en 1883 publicó Conflictos y armonÃas de las razas en América y, en 1885, editó su última obra: La vida de Dominguito, biografÃa de su hijastro (Domingo Fidel Sarmiento) que murió en el transcurso de la guerra contra Paraguay iniciada en 1865. Se trata de una necrologÃa llena de nobles páginas, de poética intimidad doméstica, es también un tratado de pedagogÃa. Y precisamente cuando mezcla estos dos elementos, tan discordes al parecer, es cuando el libro resulta más hermoso y original. En los últimos años de su vida se dedicó a colaborar con diversos periódicos y a escribir sus obras. Se fue a vivir a Paraguay, cuyo clima beneficiaba su salud. AllÃ, en la capital, Asunción, lo sorprendió la muerte, el 11 de septiembre de 1888.  Ma.Florencia Masoni
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