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EL SINDICALISMO EN LA POLITICA INTERNACIONAL EN la política internacional y en la guerra moderna, las fuerzas del trabajo organizadas han llegado a ser un factor de preponderante importancia. Con la "hora de los pueblos" parece haber llegado también el momento de los trabajadores. Ya no parece suficiente trabajar" o presionar a los gobiernos, sino que es indispensable contar con los pueblos y, dentro de ellos, con la masa que es su mayoría. Para dominar la masa popular las miradas se dirigen al sindicalismo. Hasta el comienzo de la preparación de esta guerra, los pueblos y en especial las fuerzas del trabajo fueron invitados de piedra en las grandes decisiones político‑internacionales. Nada que significara pueblo contó nunca sino en los lugares y momentos de luchar y de. morir. Hoy, con el insistente e insidioso trabajo comunista en los pueblos y en las masas proletarias, parece haberse despertado un súbito interés en el capitalismo por su actuación en el campo internacional sindicalista. LA vieja "Organización Internacional del Trabajo(O.I.T.), "troupe" de asalariados intelectualoides al servicio del capitalismo internacional, que representó siempre una misma comedia, ya hoy muy conocida, no puede servir a los fines de la política internacional, por su desprestigio ante las organizaciones obreras del mundo que conocen su intrascendencia e inoperancia, cuando no la mala fe con que siempre ha actuado. Todas las demás colaterales de esta organización tienen su mismo sello y, por tanto, su misma intrascendencia o inoperancia. Por diversos caminos, oficiosos unos, ocultos otros, la Organización de Naciones Unidas y la de Estados Americanos han intentado incursionar en los campos que, directa o indirectamente, están ligados a las organizaciones obreras del mundo y del Continente, hasta ahora con resultados francamente negativos. La política internacional, activamente agitada en nuestros días, ha propugnado por sus personeros la constitución de una gran central obrera mundial para la defensa del comunismo y otra del mismo carácter para la defensa del capitalismo. Evidentemente, tales organizaciones no tienen nada de obrero, ni representan sino algunos dirigentes al servicio de una u otra tendencia. Para que una central internacional fuera real debería estar en defensa de los trabajadores. LA lucha por el seudo sindicalismo internacional está dirigida, como las demás luchas, por un comando en Moscú y por otro en Washington. Los objetivos son también comunes a los perseguidos en la controversia política. Las fuerzas reales en pugna reproducen casi sistemáticamente el panorama de las fuerzas políticas y de las probables de choque. La fuerza sindical de Europa Oriental, Asia y distintos países detrás de la cortina de hierro es francamente comunista. En Europa Occidental, África y América existe un elevado porcentaje de organizaciones obreras del mismo carácter que dominan el conjunto, aunque muchas se conforman con contar con algunos dirigentes pagos que no representan allí sino a su propia persona. Así como en el campo de la política internacional los occidentales se han conformado con presionar y obligar a los gobiernos, olvidando a los pueblos, en el movimiento sindical se han conformado con comprar dirigentes, olvidando a los obreros. El tiempo dirá de las consecuencias. EN América el panorama no difiere en mucho todo parte de la existencia en Estados Unidos de dos grandes centrales: el Congreso de Organizaciones Industriales y la Federación Americana del Trabajo especie de sindicatos patronales. En la América Latina se comienza con la Confederación de Trabajadores de la América latina, organismo netamente comunista con sede en Méjico y dirigido por Lombardo Toledano movimiento obrero de Norte y Sudamérica estuvo siempre disociado y no existieron relaciones ni menos entendimientos, ya que en el Norte era capitalista y comunista en el Sur. Cuando se comienza la preparación de esta guerra, Estados Unidos comisiona a Serafino Romualdi, antiguo agente del Departamento de Estado, para viajar por la América latina y organizar una central obrera anticomunista para enfrentarla a la existente en Méjico de Lombardo Toledano, ya en decadencia. Romualdi actúa con abundante dotación de dólares y repartiéndolos recorre los países. Cuando cree que la cosa está "a punto" provoca el Congreso de Lima, donde fracasa ruidosamente, incluso con su expulsión del Perú. Sin embargo este dirigente a sueldo insiste y por mediación oficial, hace intervenir al Congreso de Organizaciones Industriales, ya que él no tenia sino la representación de la Federación Americana del Trabajo. La primera designa a Potofky, que, desde entonces, forma con Romualdi un pintoresco binomio destinado a manejar el movimiento obrero americano. Ya en la reunión de 1949 de la Organización Internacional del Trabajo en Ginebra aparece la idea de formar una gran central anticomunista, lo que fracasa rotundamente. Romualdi y Potofky, instrumentos de la política del Departamento de Estado, provocan después la constitución de una Federación Internacional de Sindicatos Libres para luchar contra la Federación Mundial de caracter comunista. Para ello se realiza el Congreso de Londres, donde se constituye, y finalmente el Congreso de Méjico, donde fracasa ruidosamente la intentona de incorporar la América latina a la Federación Internacional de Sindicatos Libres. Este es el actual estado de la cuestión. Es natural que estos fracasos se produzcan cuando elementos tan desprestigiados y descalificados como Romualdi y Potofky tienen en sus inescrupulosas manos un asunto tan serio e importante. Ellos, como buenos empleados, cumplen una función burocrática para llenar las formas que justifiquen la enorme suma de dólares que van acumulando a costilla de los tonitos. EL movimiento sindical argentino, articulado alrededor de la Confederación General del Trabajo, ha permanecido ausente y prescindente de toda esta lucha engañosa de intereses políticos, manteniendo, como el país, una prudente "tercera posición". De la misma manera que el capitalismo y su gobierno atacan al justicialismo y su gobierno, la central obrera capitalista ataca a la organización obrera justicialista Argentina. Es un gran honor que comparten millones de argentinos que no tienen ni el cerebro marchito, ni el corazón intimidado. Sin embargo, el movimiento sindical argentino está representado en la Federación de Sindicatos Libres por Cándido Gregorio. Lo que no sabemos es qué sindicatos argentinos representa éste. De él sólo sabemos que antes tenia una zapatería en Buenos Aires y que ahora es un comerciante uruguayo. Siempre hemos sostenido aquí que la conducción de la política y la guerra por "amateurs" no podía sino ser absurda y anacrónica, pero nunca pusimos en duda la honradez de propósitos que estos tenían para con su propio país. En la conducción de la política sindical ya dudamos de todo. ¿Qué podemos esperar de un Romualdi, italiano y socialista, y de un Potofky, ruso y comunista? Ambos traicionaron ya a su Patria y a su credo antes de enrolarse en las legiones del dólar. Habría que repetir aquí la sentencia árabe: "Si me engañan una vez, lo maldigo; dos veces, lo maldigo y me maldigo; sí tres, me maldigo". Alguien va a tener que maldecirse. DESCARTES" Agosto 9 de 1951
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