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EDITORIAL DEL DOMINGO 28 DE ENERO DE 2007 > > > > Los acontecimientos políticos desatados en torno a la detención en España de > Isabel Perón, nos llevan a pensar que el pacto de silencio que la generación > de los años setenta mantuvo por más de treinta años, ya no logra sostenerse. > Esos silencios pesados como losas, esos acuerdos sin palabras de las > conciencias turbias se resquebrajan y amenazan derrumbarse. El país ha > madurado y exige debates que le permitan crecer y salir de los corralitos > que lo han infantilizado y en los que se ha pretendido mantenerlo. Es bueno > que drenen las heridas profundas mal cerradas durante tantos años. Es bueno > que podamos ventilar los cadáveres insepultos de la conciencia nacional y > los crímenes que pretendimos esconder bajo la alfombra y se transmutaron en > la pesadilla cotidiana de una política distanciada de la gente y > desarraigada de la Cultura. Que no se duerma la memoria, que el rechazo > colectivo a la teoría de los dos demonios y al Terrorismo de Estado no > excuse de manera alguna la impunidad a los que ejercitaron la violencia > contra un gobierno constitucional desde mesianismos vanguardistas que, > también tuvieron enormes respaldos y coberturas desde ese mismo Estado en > disgregación de los años setenta. Tal vez esos hechos pudieron hallar > razones que los explicaran en medio de los desvaríos de aquellos años, pero > como espectros familiares debemos sacarlos hoy a luz para reconocer en > ellos, no solamente crímenes de lesa humanidad, tal como los realizados por > las bandas parapoliciales, sino también, las cuotas de responsabilidad > política en crear las condiciones que condujeron al desastre del 76. > > > > Durante muchos años, los apresurados y violentos de entonces, muchos de > ellos reconvertidos hoy en doctrinarios de los derechos humanos, solo > quisieron ver y juzgar las consecuencias de lo que ellos mismos ayudaron a > desatar, pero nunca las propias responsabilidades en el desbarranque de la > Nación. Esa etapa de silencios y complicidades es la que está terminando y > por supuesto, como todo acto postergado, es doloroso, aunque necesario. No > basta con reconocer, tal como hemos podido leer en los periódicos en estos > días, que ayer fuimos unos loquitos pero a la vez añadir la idea petulante y > presuntuosa de que, sin embargo, hoy la tenemos clara. No, señor diputado > nacional, ese comentario tardío e insustancial, soberbio y altanero, no > basta a una ciudadanía que requiere discusiones profundas de una etapa que a > todos nos dejara heridas y a la que UD refiere con aires memoriosos de > estudiantina juvenil, como quien recuerda los juegos del día de la > primavera. > > > > La detención de Isabel Perón en Madrid es un hecho tremendo que no puede > volverse atrás. Tal vez en su momento hubiese sido más digna una > intervención presidencial que respetando las antiguas investiduras, los seis > años de cárcel y los últimos veinticinco años de silencio de la ex > presidenta, facilitara una presencia de ella en el país bajo compromisos de > un trato respetuoso. Ahora ya es tarde, lamentablemente. Bajo un Gobierno en > que Menem merece un asiento en el Senado y los mandos genocidas disfrutan de > prisión domiciliaria en sus mansiones de las que por la edad tampoco podrían > ir demasiado lejos, enjuiciar a Isabel en la Argentina por un hecho aislado > ocurrido a un mes de su derrocamiento, es un despropósito, en especial > cuando era público que ya no conducía el Estado de la que era Presidente y > cuando las únicas acciones de gobierno iban destinadas a parar o morigerar > el golpe militar inminente, golpe que por otro lado, es público que > alentaban con sus acciones las organizaciones armadas. Sí, en estas > condiciones la detención es un despropósito absoluto, y exige abrir un > debate político institucional sobre la etapa toda, sobre los terrorismos de > Estado, que no hubo uno solo, a la vez que intentar una comprensión de los > desvaríos ideológicos que tanto marcaron nuestra historia. Ese debate > podría ser vinculante o podría no serlo, pero lo que sí creo es que exige un > nivel de autoridad jurídica y de respeto, que en estos momentos, sólo tiene > la Corte Suprema de Justicia de la Nación. > > > > Las memorias e imaginarios populares han guardado durante años bloqueos > inducidos por los muchos que ocultaron sus secretos para reciclarse en el > justicialismo y en la Democracia, y el resultado de esas maniobras ha sido > la ruptura y la discontinuidad de las tradiciones en las nuevas > generaciones, que se formaron en la confusión y en la incomprensión del > pasado inmediato. A treinta años de aquellos acontecimientos, y excepto > casos en los que hubo particular interés, tal como el del Diputado Juanjo > Álvarez, no podemos conocer todavía los archivos de los servicios de > informaciones sobre la dirigencia política, ni se ha logrado todavía una > visión global de toda la información hallada. Nada de esto es casual ni deja > de vincularse con las nuevas dependencias globales que nos colonializan y > que pretenden invisibilizarse, mientras la política se transforma en pura > maña y oficio para llegar o para conservarse en el poder y los grandes temas > que hacen a la vida nacional, son excluidos sistemáticamente de las agendas > públicas y de la prensa monopolizada. > > > > No vivimos una época de cambios sino un cambio de épocas. Y en este cambio > de épocas, deberíamos reconocer que para poder confrontarlo al cambio, o > acaso simplemente aceptarlo y comprenderlo, necesitamos producir en nosotros > un cambio de paradigmas, es decir que necesitamos modificar las miradas que > teníamos sobre la realidad y producir en nosotros otra manera de ordenar las > cosas y los sucesos. Sólo la ecologización del pensamiento puede proveernos > hoy de esa nueva mirada. Ello significa llevar la política o sea el > pensamiento político, a la comprensión de la ecología, no a la idea antigua > de Naturaleza que nos permite sentirnos fuera de ella, como mirándola a la > distancia, sino por lo contrario adentrándose en los misterios y en las > maravillas que nos rodean, sintiéndose parte del hábitat y del ecosistema, y > tomando conciencia que somos parte indisoluble de la Biosfera y que sus > modos de articular la biodiversidad pueden producirnos una experiencia capaz > de generar pensamientos superadores.. > > > > Lo hemos repetido mil veces, por ejemplo respecto de la Soja. Cuando > hablamos de ello es normal que se nos cuestione diciéndonos que la plantita > no tiene la culpa de lo que se hace con ella, o acaso se nos interroga > acerca de si es mala y no debe comerse. Hemos insistido hasta el cansancio > en que cuando hablamos de Soja, nos referimos a un sistema global, que el > sistema de la soja como los antiguos sistemas del cacao, del caucho o los > actuales de la banana y de la caña de azúcar, implicaron siempre complejos > sistemas que abarcaban tecnologías y adaptaciones socio ambientales, y que > incluían las formas de la tenencia de la tierra, los modos de explotación de > los trabajadores, sus impactos sobre los ecosistemas, y también, imaginarios > populares y formas culturales de resistencia de las poblaciones. > > > > Los sistemas de las Sojas modificadas genéticamente, la minería por > cianurización y la implantación de eucaliptos y pinos para pasta de papel, > son en nuestros países roles que se nos han asignado, pero también son los > modos en que entramos en la Globalización y las formas en que mediante las > Corporaciones transnacionales se nos neocolonializa y se nos subordina a las > necesidades de los mercados internacionales. Estos recursos naturales > convertidos en producciones masivas de commodities, no son las únicas > expresiones de esta neocolonización, también los son los salmones > transgénicos enjaulados en Chile, las flores en Colombia, el gas y el > petróleo en Bolivia, en Venezuela y también en nuestro país. > > > > El sistema de la Soja está dominado por el Agronegocio, que es el proyecto > de poder hegemónico en la Argentina y es a la vez, un proyecto avanzado de > poder en los países hermanos, en los que las cadenas agroalimentarias y la > conversión de la agricultura en un negocio y en una empresa más, avanza > rápidamente, muchas veces impulsada desde nuestro propio territorio, > convertido en un enclave del capitalismo dependiente y de la gran industria > ligada a las corporaciones. La actual amenaza de implementar un modelo de > producción y de exportación de Biocombustibles expresa el paso consiguiente > en el sistema de país dependiente productor de forrajeras transgénicas, y > representa la mayor amenaza jamás sufrida por nuestro país sobre sus > recursos y también sobre su soberanía. La era de los biocombustibles será la > forma definitiva de legitimar la ocupación de nuestros territorios, > dominados actualmente por los agronegocios y las trasnacionales, > sometiéndolos al proyecto colonial y subordinando los agro ecosistemas y los > pueblos a los proyectos y necesidades de los mercados. > > > > Jeffrey S. Dukes, profesor de Biología en la Universidad de Massachussets, > nos dice lo siguiente: "La idea de que sencillamente podemos reemplazar este > legado fósil (y la extraordinaria densidad de energía que nos da) por > energía ecológica es ciencia ficción. Simplemente no hay sustituto, pero se > buscan sustitutos por todas partes. Hoy se están promoviendo en las > conferencias climáticas en Montreal, por Estados (como el nuestro) que > intentan evitar las duras decisiones que impone el cambio climático. Y al > menos uno de ellos es peor que el combustible fósil al que reemplaza. La > última vez que presté atención a los peligros de hacer combustible diesel a > partir de aceites vegetales, me insultaron más aún de lo que lo habían hecho > los partidarios de la guerra de Irak. Descubrí que los misioneros del > biodiesel son tan enérgicos en su negativa como los ejecutivos de Exxon. > Ahora puedo admitir que estaba equivocado en mi anterior columna. Pero no > les va a gustar. Estaba equivocado porque subestimé el impacto destructivo > de dicho combustible. > > Antes de ir más allá, me gustaría dejar claro que utilizar aceite de patatas > fritas para hacer carburante me parece algo bueno. La gente que va todo el > día con tinajas de porquería hace un servicio a la sociedad. Pero sólo hay > suficiente aceite de cocina residual en el Reino Unido > como para llegar a una trescientas ochentava parte, 380º de nuestra demanda > de carburante para el transporte. A partir de ahí comienza el problema. > Cuando escribí sobre ello el año pasado, pensé que el mayor problema que > causaba el biodiesel era que establecía una competición por la tierra. La > tierra cultivable que de otra forma se habría usado para cultivar comida se > utilizaría para cultivar combustible. Pero ahora me encuentro con que algo > aún peor está pasando. La industria del biodiesel ha inventado > accidentalmente el combustible más carbono-intensivo del mundo. > > > Al promover el biodiesel (como hace la Unión Europea, los gobiernos > británico y estadounidense y miles de defensores del medio ambiente) has de > imaginar que estás creando un mercado de aceite de patatas fritas usado, o > de aceite de colza, o de aceite de algas que crecen en estanques del > desierto. En realidad estás creando un mercado del cultivo más destructivo > de la tierra". Hasta aquí el profesor Dukes. > > > > En estos días, una ofensiva mediática concertada ha instalado la > preocupación por el calentamiento global como si fuera un problema reciente > y ajeno al Capitalismo todo. Las Corporaciones y sus agentes nos proponen > como solución a la gran catástrofe previsible de la vida en la tierra, el > mercado del cambio climático, sus nuevas y extraordinarias oportunidades de > hacer negocios con la Naturaleza y la importancia de las energías "limpias", > de los créditos de carbono, los mecanismos de compensación de emisiones > contaminantes, etc. Medidas todas que se complementan con las famosas mesas > redondas de las Sojas o de los aceites de palma en que los ejecutivos de las > corporaciones inician a los funcionarios del Estado y a los representantes > campesinos y gente de las ONG, en la aceptación de las nuevas reglas de la > domesticación colonial y los usan para construir consensos civilizados con > los que promover certificaciones de supuestas sustentabilidades de sus > exportaciones, certificaciones que, bajo tímidas promesas, les permitan > continuar con sus negocios globales. > > > > Estas percepciones de la globalización tienen una expresión política > consecuente y ejemplar en el discurso de Al Gore, el ex vice-presidente de > los EEUU, que se pueden ver con claridad en el documental Una verdad > incomoda, que se ha emitido por la TV recientemente. En una lectura similar > a la de algunas organizaciones ambientalistas que se publicitan ampliamente > por las mismas televisoras, la resistencia a los cambios climáticos y a la > destrucción de la Biosfera se nos presenta como problemas aislados en las > que ayer se trataba de salvar las ballenas, tal vez hoy de evitar los > desmontes, o acaso de presentar el trágico deshielo de los casquetes > polares, pero que siempre evitan referirse a las condiciones impuestas por > los nuevos sistemas de globalización que nos colonializan y que nos condenan > a una Catástrofe planetaria. > > > > Gran parte de nuestros problemas provienen de que a nuestra clase política > en general, sus conocimientos, y en especial sus maneras de ordenar los > pensamientos, no les permiten afrontar estas situaciones con la idoneidad y > con la grandeza necesaria. Son incapaces de prever los riesgos que entrañan, > son ignorantes frente a las nuevas realidades e inconscientemente pretenden > abordarlas con sus equipos intelectuales obsoletos de los años setenta, > algunas veces reciclados en los noventa, pero siempre de espaldas a toda > comprensión de los ecosistemas y del valor de la Biosfera. Es por eso que > los debates sobre aquellos años, se tornan particularmente importantes para > nuestro porvenir. Debemos poder retomar el proceso interrumpido de la > Revolución Nacional, tal como está ocurriendo a todo lo largo de la América > Latina, en que cada país le aporta sus propias características. Y para que > ello ocurra es fundamental que logremos superar los obstáculos que en la > historia contemporánea reciente, nos atan a los enfrentamientos, a los > desvaríos, y a los sentimientos de culpabilidad de aquellos años que, > abrieron el camino a la Dictadura militar y que luego se proyectaron durante > los noventa en la aplicación a rajatabla del neoliberalismo. En ese proceso > necesario de reencuentro con lo mejor de nosotros mismos, el ponerle > palabras a nuestros fantasmas en marcos adecuados de debates públicos y > verdaderos consensos democráticos, pareciera ser a mí entender un camino > deseable y que nos ayudaría a volver a encontrar un Proyecto Nacional. > > > > Jorge Eduardo Rulli > > www.grr.org.ar
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