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Las dos muertes del general

El autor sostiene a partir de la metáfora de “Las dos muertes del general”, que durante la segunda década infame (1989 – 2000) , se operó la muerte espiritual del peronismo.

Por | Francisco José Pestanha   -   fpestanha@arnet.com.ar

Las dos muertes del general.

Usted ve que los que ahora están trabajando en el neoperonismo son unos simuladores y unos pícaros, porque saben tan bien como yo que no podrán ellos hacer nada, pero se tiran el lance para aparecer como influyentes a fin de luego entrar en transacciones con la canalla dictatorial en busca de ventajas personales, sin importarles un rábano que para ello deban sacrificar los objetivos, los derechos y las conquistas del pueblo, alcanzadas a través de medio siglo de luchas y dolores” (Carta de Juan Perón al compañero G.2. “Santiago”. 1° de febrero de 1957).

La verdadera misión de un polemista es despertar pasiones humanas. Con esta simple frase, hube de responderle a una amiga entrañable que me escribió bastante consternada por la reciente publicación de un ensayo sobre la emigración.

La polémica es un arte que enseña los procedimientos de ataque y defensa. En el ámbito literario es una controversia por escrito sobre cualquier materia que pueda ser objeto de discusión. Cuando de polémicas se habla, existe una que llama particularmente a la reflexión y que se vincula a la función histórica del peronismo y su vigencia.

Voy entonces a realizar una serie de consideraciones ligadas a lo que, creo entender, constituye la "esencia y el mandato histórico del peronismo", para luego relacionar dichas reflexiones con el comportamiento asumido por la dirigencia de este movimiento político durante la última década del siglo pasado, haciendo la salvedad que esta cuestión despierta en mí una sana pasión que siento necesario dejar por sentada.

La segunda década infame (1990 – 2000) es un ciclo de nuestra historia reciente que indudablemente se constituirá en el objeto de un considerable caudal de ensayos y tendrá además el lugar que se merece en los libros y demás herramientas de estudio, a partir de los cuales las futuras generaciones intentarán conectarse con su propio pasado.

Más allá del debate que se genere con el objeto de determinar la fecha especifica de culminación de este período, estoy en condiciones de afirmar que él mismo no sólo se configuró como la etapa de nuestro país donde se instauró el régimen especulativo– concertador más perverso del siglo, sino que se caracterizó además por la ocurrencia de un fenómeno que puede ser perfectamente denominado la “Alvearización del Peronismo”. ¿Que pretendo sostener a partir de esta idea?.

Propongo hacer un poco de historia. El radicalismo es un partido político que se constituyó formalmente en el año 1887 y que se propuso cuestionar seriamente las bases político-económicas sobre las que se sustentaba el régimen oligárquico representado en ese entonces por el presidente Juárez Celman. Su mismo nombre proviene y refiere a una doctrina que sostiene principios fijos y definidos y que pretende reformar total o parcialmente el orden político, científico, moral o económico.

A partir de figuras como las Hipólito Yrigoyen y Leandro N. Alem se configuró en un partido político que pretendió representar las expectativas de los sectores medios de la Argentina que pugnaban por obtener una participación efectiva en las cuestiones del gobierno. La Unión Cívica Radical, así, gobernó por primera vez en el período 1916 - 1922 y luego en forma ininterrumpida hasta 1930.

Durante el primer mandato del “peludo” se adoptaron diversas medidas tendientes a garantizar la participación política ciudadana hasta ese tiempo restringida a las minorías de privilegio. Además, se establecieron ciertos lineamientos de índole económica, característicos de lo que con posterioridad se conoció como modelo sustitutivo de importaciones.

Más allá de las contradicciones que se plantearon en el seno de su estructura partidaria, lo cierto es que para muchos historiadores con los que coincido, el radicalismo —en sus primeros años— participó de ciertos rasgos de orden ideológico que podrían ubicarlo dentro de las agrupaciones políticas “nacionales y populares”. Debo reconocer, sin embargo, que durante su gobierno se produjeron una serie de matanzas de trabajadores que pugnaban por el reconocimiento de sus derechos.

El partido de Yrigoyen, así, a partir del cuestionamiento permanente de los privilegios de las oligarquías locales enquistadas en los resortes del poder público y aliadas al sistema financiero especulativo, se erigió durante siglo pasado, en el primer “freno” político que la sociedad civil opuso a la concentración capitalista. Esa fue la verdadera función histórica del radicalismo.

Los sectores de poder en la Argentina adoptaron las más diversas estrategias con respecto a aquellos movimientos políticos y sociales que disputaron su hegemonía. Así, recurrieron a métodos que abarcan desde confrontación directa mediante golpes de estado, hasta el alistamiento de cuadros a las estructuras partidarias.

En ese sentido, y a medida que el gobierno de Don Hipólito proponía nuevas instancias de participación social, sectores del establishment se iban incorporando a su estructura política bajo la antigua premisa: “si no puedes con el enemigo, infíltralo”.

Marcelo Torcuato de Alvear, nieto del otrora Director Supremo Carlos María de Alvear y hombre nítidamente vinculado a los sectores del poder, se instituyó en el exponente de una estrategia donde progresivamente los “radicales de galerita” substituirían a los de “boina blanca”.

A pesar de haber sido uno los fundadores de la Unión Cívica, Alvear representaba dentro de su partido el ala más proclive a la alianza sustentable con el establishment, estrategia que estuvo acompañada, además, con una campaña sistemática de debilitamiento de la figura de Yrigoyen.

La muerte del “peludo” y las discordancias existentes en el seno del partido encontraron al radicalismo —en la década de 1930— nítidamente dividido. Por un lado un "Alvearismo" comprometido en una convivencia con el régimen y, "F.O.R.J.A" que representó en su época la tentativa más brillante para reencausar a la Unión Cívica en la línea nacional y popular de la que se había apartado.

Más allá de este notable esfuerzo, el movimiento de Yrigoyen y Alem nunca pudo recuperar las banderas que le dieron su sentido y su rol histórico, ya que 15 años más tarde, un fenómeno de masas inédito se incorporó a la vida política del país para quedarse por un largo tiempo.

El peronismo se originó como un movimiento social y político cuyo objetivo principal fue el de consolidar un régimen sustitutivo de las importaciones tendiente a establecer nuevas reglas de juego en la distribución de la renta nacional. Sustentado en una profunda interacción entre el líder y la masa, el movimiento en el poder impuso un “nuevo orden material y simbólico en el país” inclusivo de sectores de la sociedad que hasta esa época se encontraban marginados del progreso social y del proceso productivo.

No voy a detallar aquí las medidas concretas sobre las que se asentó este fenómeno, ni las organizaciones que sustentaron y garantizaron la instauración de este “nuevo orden”. En ese sentido, recomiendo la última producción del cineasta argentino Leonardo Fabio “Perón, sinfonía del sentimiento" donde se describen todos y cada uno de los instrumentos a partir de los cuales se motorizó el modelo sustitutivo.

Más allá de estas consideraciones, la función especifica del peronismo en la historia Argentina fue la de instrumentar un régimen socio-económico que incluyera a la mayoría de los argentinos con un alto contenido reivindicativo de elementos tradicionales e identitarios. El programa sustitutivo e industrialista perduró, con ciertas alteraciones, hasta mediados de la década del 70.

El general Perón falleció en el año 1974 y con él se marchó gran parte de la inteligencia y la visión estratégica necesaria para darle continuidad histórica a la Argentina industrial y productiva. Sólo persistía un espíritu revolucionario forjado a partir de la resistencia y de la actividad de las organizaciones político-sindicales modeladas a la usanza de su conducción. Años después, la dictadura militar vino a demoler todas y cada uno de los instrumentos sobre los cuales se hubiera podido asentar el reacomodamiento de dicho orden.

El período Alfonsinista, absolutamente transitorio y coyuntural, sentó las bases de un modelo de articulación político–financiera, que en su aspecto económico tuvo su auge en el "plan austral y en las tentativas privatizadoras" y en lo político, en la consolidación de la figura de los "operadores políticos", responsables privilegiados en la tarea de garantizar dichas articulaciones y de fomentar el sistema de cajas "políticas" para sustentar el financiamiento partidario.

La llegada de Carlos Menem marca un punto de inflexión irremediable en la historia del movimiento político cuya función histórica había sido la de instaurar el modelo sustitutivo. El peronismo, invadido por advenedizos y apostatas, abandonó aquel espíritu revolucionario que había garantizado la distribución del ingreso en la Argentina. La alianza urdida entre Menem y los representantes del capital financiero -especulativo dio por tierra definitivamente con el proyecto diseñado por Perón. La segunda muerte del general se había consumado.

Aquel peronismo del "pañuelo sudoroso anudado en cuatro puntas" que representaba la solidaridad, el sacrificio, el trabajo y la dignidad nacional se transformó en una maquinaria mercantil vestida por "Armani" y simbolizado en los actos partidarios por eventuales "gorritas importadas" forjadas a partir del sudor y la explotación de trabajadores de quién sabe qué lejano país de oriente.

Así, la segunda muerte del general, "la espiritual e ideológica", fue ejecutada por un cúmulo de dirigentes que abandonando el espíritu y la doctrina que le otorgó sentido histórico, condujo al movimiento político que estableció un sistema inédito de distribución del ingreso en América Latina, a su actual decadencia.

Queda la esperanza en que las nuevas generaciones de argentinos, recuperen los “objetivos, los derechos y las conquistas del pueblo, alcanzadas a través de medio siglo de luchas y dolores”.

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