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                                          LOS PARTIDARIOS DE LA OFENSIVA

 

 

CUANDo nos decidíamos a escribir este articulo, leímos que un consejero del Departamento de Estado norteamericano, John Foster Dulles, afirmó hace pocos días en la Universidad de Tuchon que en la defensiva jamás se ha tenido éxito".

Comencemos por establecer que tanto la defensiva como la ofensiva son meras formas de ejecución en la guerra. Se emplean indistintamente en el campo estra­tégico como en el táctico combinadas entre si:

Ofensiva estratégica combinada con la ofensiva o la defensiva táctica; o bien:

Defensiva estratégica combinada con la ofen­siva o la defensiva táctica.

En la batalla, acto táctico más fundamental de la guerra, aun en la defensa, es menester que la acción final sea ofensiva para obtener el éxito (contraataque).

Estas formas de ejecución de la guerra y de la batalla sólo son arbitrios que el arte militar ofrece al conductor como medios a utilizar en las diversas y cambiantes circunstancias de la guerra, en busca de una decisión. Cada una de ellas se utiliza cuando la situación lo impone. No es cuestión de gusto ni de sistema. Los partidarios de la ofensiva son como los partidarios de la buena vida, que sólo pueden darse el gusto cuando dis­ponen de los medios para hacerlo.

En la guerra moderna, el poder ofensivo de los ejér­citos ha aumentado enormemente por el predominio de los materiales potentes y móviles; pero, por los servicios que éstos imponen y por su tremendo desgaste, el man­tenimiento de la aptitud combativa y el radio de acción ofensivo han disminuido casi en forma inversamente proporcional. Por esa razón la defensiva estratégica ha fortalecido su valor intrinseco, porque ella cosecha lo que no ha sembrado. Ya en 1918 se afirmó que el ejér­cito alemán fue derrotado en el Marne por haber pasa­do el limite de su poder ofensivo, y Stalingrado sólo fue posible contra un ejército aniquilado por la exten­sión de sus líneas de comunicaciones.

En cambio, la ofensiva táctica se ha visto favore­cida en las últimas guerras por el aumento de poder de los armamentos y materiales.

La guerra contra Rusia impone a este respecto con­sideraciones muy especiales. Desde los tiempos de la vie­ja Escitia, una forma característica de operar  la táctica de los escitas" ha establecido que Rusia ha sido hasta ahora invencible en la defensiva estratégica. La próxima guerra será una nueva prueba para esta tan lejana tradición.

En 1813 Napoleón, en el apogeo de su poder y de su gloria, intentó derrumbar la leyenda de la invenci­bilidad de Rusia por una invasión a su territorio. Pagó su intento con la más terrible derrota de su vida y alli comenzó el principio del fin de su glorioso imperio. Na­die lo intentó después hasta la última guerra, en que los comandos y las tropas más capacitados que se hayan movilizado en la historia del mundo repitieron la haza­ña con el resultado que todos conocemos.

Nadie puede negar que los medios de lucha han variado en la guerra moderna, pero tampoco nadie po­dria negar que la evolución de esos mismos medios ha­bla transformado la guerra en el tiempo transcurrido entre la era napoleónica de 1813 y la época actual de la derrota alemana de Stalingrado en 1944.

¡Cuidado!, hay que decirles a los occidentales par­tidarios de la ofensiva que pudieran intentarlo en el futuro...

 

Si Rusia ha establecido hasta ahora ser invencible en la defensiva estratégica, también ha evidenciado no ser capaz de realizar con éxito la OFENSIVA ESTRA­TÉGICA. Por eso nunca pudo realizar su vieja ambición

 

que los cosacos pusieron en sus divisas: "HURRA, COSACOS DEL DESIERTO, HURRA  LA EUROPA OS BRINDA

ESPLENDIDO FESTIN". El dique de contención germá­nico fue durante siglos la salvación de Europa.

Crimea, Yalú, Nachau, Liayan, Mukden, para ci­tar los más recientes, son testimonio de esa incapacidad ofensiva. En 1914, en la Prusia Oriental, el VIII Ejér­cito alemán, que la defendía con 370.000 hombres, aniquiló al grupo de ejércitos rusos del NE., compuesto por el I y 11 Ejércitos de Rennenkamps y Sansonof, res­pectivamente, con efectivos aproximados a los 800.000 hombres., en la célebre batalla de Tannenberg. Fue la úl­tima ofensiva estratégica rusa de gran envergadura, donde, como en su ofensiva de 1914 sobre Austria­Hungria, demostró su ineficacia. En la última guerra, el avance a través de Rusia y Alemania hasta la toma de Berlín no fue una OFENSIVA. ESTRATÉGICA, sino sólo una persecución.

¡CUIDADO!, habría que decirles a los orientales partidarios de la ofensiva que intentaran la invasión de Europa.

 

junio 24 de 1951

 

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