Búsqueda personalizada

 

LA AGONÍA DEL

MUNDO MODERNO

                                                                        por Julio Roberto Zazzali

 

01.- LA MODERNIDAD, CUNA DE LAS IDEOLOGÍAS. Entendiendo por paradigma a una disciplinada visión del mundo, del hombre y de las cosas que es transmitida de una comunidad a otra por medios culturales y sostenida por la generalidad de las instituciones sociales vigentes en una época determinada, podemos decir que el Mundo Moderno se edificó bajo el paradigma mecanicista, derivado de la física de Newton y la filosofía de Descartes.

Esta “cosmovisión” mecanicista generó el terreno propicio para el nacimiento de las ideologías políticas, expresión de materialismo y determinismo, que se desarrollaron en dos vertientes contradictorias. Una, materialista-individualista, es la base del liberalismo. Otra, materialista-colectivista, sirvió de fundamento al marxismo, al comunismo, al fascismo, al socialismo y al nacionalsocialismo.

02.- LAS IDEOLOGÍAS Y LOS IDEÓLOGOS. Las ideologías son filosofías políticas simplificadas,  que proporcionan una óptica sencilla para entender la realidad. Son fácilmente expresables por “slogan” que son publicitariamente atractivos, por ejemplo: “el estado es mal administrador”. Luego el slogan se repite mil veces, sin critica, hasta ser aceptado como verdad revelada y se convierte en dogma. La ideología explica todo, tiene todo resuelto y ofrece recetas simples, de inmediata aplicación, por ejemplo: “hay que privatizar”.

Las ideologías no son totalmente falsas. Tienen su punto de partida en algún concepto filosófico que es verdadero, por ejemplo: “el hombre es libre”. Pero en su posterior desarrollo ese “principio” se radicaliza (“el hombre es absolutamente libre sin ningún límite moral ni de ninguna otra clase”).

Todas las ideologías, por su naturaleza, son irremediablemente endurecedoras de las relaciones entre los hombres. Por su rigidez conducen al enfrentamiento dialéctico, a la violencia. El ideólogo se la pasa pontificando. Se autocalifica como “a tono con los vientos de la historia” y al que no comparte su visión lo descalifica porque se ha quedado en el tiempo. El que no está con su ideología es excomulgado. Repasemos, como ejemplo, la lista de los principales operadores publicitarios del establishment económico, de Neustadt a Haddad.

03.-         UN ORDEN INTERNACIONAL INICUO. Hoy el mundo está, como nunca, bajo el poder hegemónico de la alta finanza supranacional. ¿Qué armas tiene el establishment para imponerse a las naciones? Cuenta a su favor con la aceptación de determinadas instituciones internacionales edificadas de un modo muy particular. Una característica curiosa es que los países miembros de esas instituciones no gozan de los mismos derechos. No hay igualdad. Los poderosos gozan de “voto calificado” y de “derecho de veto”. Y si a un país quiere resistir decisiones tomadas en estos organismos, puede ser sancionado. Y hasta se podrá usar la fuerza contra el rebelde. Por supuesto que la fuerza siempre se aplica con una justificación. Se  esgrimirán desde razones humanitarias hasta ideologías políticas o económicas según convenga.

                Después del 11 de Septiembre, patrocinada por Blair y Bush, ha aparecido la doctrina del “intervensionismo justificable” basada en la ideología del “choque de civilizaciones” de Huntington, cuyos principales propagandistas son Brzezinski y Kissinger. Hoy se ha declarado enemigo al Islam, al que el Imperio Angloamericano guerreará bajo la justificación del “antiterrorismo”. El fundamentalista Bush ha dicho: “quien no está con nosotros está contra nosotros”. Lo suyo es una guerra santa. Y el pretexto para atacar a Irak es que tiene armas de destrucción masiva. ¡Y nadie sale al cruce diciendo que los EE. UU. también tienen esas armas! Y, por si esto no bastara, son los únicos que las han usado. Recuérdese a Hiroshima. La hipocresía y la desvergüenza  de los poderosos no tiene límites.

04.- LA DEMOCRACIA FALSIFICADA. En una recta concepción de la Política es fin es el hombre, concretamente el “hombre-ciudadano”. En el terreno político, la democracia natural ha sido distorsionada. Fue reemplazada por la democracia liberal o demoliberalismo que desarraiga al hombre de la sociedad real y lo sumerge en una ficción de sociedad integrada por imaginarios individuos iguales, masificados.

Mientras que los también antinaturales colectivismos habían construido un Estado Totalitario (“dentro del Estado, todo; fuera del Estado, nada”) amputando al hombre de su esencial libertad, el demoliberalismo tiende a edificar un Estado sin sociedad (“el Estado reducido a su mínima expresión”) eximiendo al hombre de su compromiso social, acentuando al máximo su individualidad, con lo que resulta una sociedad donde impera la ley del más fuerte. La Masa informe ha sustituido al Pueblo Orgánico o a la Comunidad Organizada. El Político es reemplazado por el Técnico. La Democracia, vaciada, deriva en Tecnocracia. El Estado deja de lado su función específica, que es proteger los intereses de la sociedad. Estamos en el “Estado Desertor” (Jorge Svarter, Clarín, Suplemento “Zona”, 28-2-99).

05.-         LA ECONOMÍA DESNATURALIZADA. En una sana concepción de la Economía el fin es el hombre, específicamente el “hombre-consumidor”. La ideología economicista liberal ha falsificado esta visión. Ha puesto como centro y fin de la actividad económica a la producción. O, mejor dicho, al productor. En la economía de productores el beneficio es para ellos. En el individualismo el productor es “uno solo”, casualmente propietario del Capital. En el Capitalismo Liberal se consume lo que le conviene al productor, que genera “bienes” no para satisfacer una demanda legítima, sino para alimentar su propia ambición de ganancias. Ausente la responsabilidad social, el beneficio es para el interés individual.

La economía de los productores ha llevado a un considerable desarrollo de las técnicas de producción, que constituyen la parte menos humana y menos moral de la actividad económica (Marcel de Corte, “Humanismo Económico”). Por ser un instrumento, la técnica es indiferente ante los valores y los fines. Se la puede usar a favor o en contra del hombre. Hoy ocurre que a la actividad económica se la utiliza en favor exclusivo del Capital, que controla y orienta la producción. El consumidor, el hombre común, no importa. Y ocurre que la pobreza se extiende, y no por indeseables errores. La economía neoliberal lleva en sí la injusticia. “.... no es que el modelo funcione mal. El modelo es así, originariamente perverso”. Lo dijo Raúl Presbich.

06.- LA COMUNIDAD DESHUMANIZADA. El desorden que implica que la Política esté sometida a los intereses económico-financieros y las decisiones queden  en manos de técnicos que aplican a “raja tabla” los dogmas de Adam Smith solo podía traer aparejada una cadena interminable de calamidades: desocupación creciente, plagas que reaparecen, enfermedades nuevas (incluso en las vacas), guerras, promoción de drogas toxicomanígenas y sexualidad desviada, desnutrición, aumento de la mortalidad infantil, incremento de la delincuencia, de la corrupción pública y de crímenes aberrantes y consolidación de la asociación «narcotráfico-narcofinanzas-narcoterrorismo-narcopolítica» --que ya algunos llaman “narco-liberalismo”-- todo en un marco de creciente impunidad. Por debajo de estos extravíos se puede detectar la existencia de un factor común que es, cuanto menos, facilitante: la cultura liberal individualista, hedonista y consumista. 

07.-         EL MUNDO MODERNO, EDIFICADO SOBRE ARENA. En suma, vemos que la estrategia neoliberal logró, a nivel mundial, concretar eficazmente dos objetivos. Uno, político, el vaciamiento del sistema democrático. Otro, económico, la implantación de la economía de mercado. La sociedad ha quedado desarticulada e indefensa, a merced de los poderosos de la tierra.

Ahora, hay quienes dicen que esto ocurre porque se ha hecho una errónea aplicación del liberalismo, pues las ideas liberales bien ejecutadas no traen problemas sino que son beneficiosas. No es así. En verdad el liberalismo es anti-natural e inviable. ¿Por qué? Porque los dogmas económicos materialistas y deterministas de Adam Smith excluyen de toda consideración al Hombre como sujeto activo de  la Historia. Las mecánicas leyes del mercado quitan al humano su carácter histórico, y lo reducen a un mero ser pasivo, a una variable de ajuste más dentro del proceso económico.

La postura liberal, que pretende ser muy “científica”, contradice a la verdaderamente científica “Segunda Ley de la Termodinámica”, que dice que el acontecer natural es irreversible e irrepetible, es decir que hasta la naturaleza es, de algún modo, histórica. Entre el hombre y el mundo --aún el mundo “físico”-- hay una influencia modificadora mutua. Esto quiere decir, en última instancia, que el hombre, por el sólo hecho de estar, convierte a todo el mundo en “mundo humano”. La física es humana, la química es humana, la astronomía es humana. Entonces ¿puede pretenderse que, en un mundo humano, la política y la economía sean “a-humanas”? Pues ocurre que algunos sofistas pretendieron tal cosa. En ambos extremos del espectro ideológico Adam Smith y Karl Marx manifiestan esa concepción mecanicista a-humana.

Sostener, entonces, una presunta “ahistoricidad” del sujeto humano desconociendo la mutua relación condicionante del hombre y el mundo, no es más que un error, una ilusión óptica. Y los errores terminan siempre haciéndose trizas contra la realidad. Las ilusiones ópticas acaban desvaneciéndose. El modelo político–económico colectivista ya se pulverizó. El sistema político–económico individualista liberal se está desintegrando aceleradamente.

08.-         HACIA UN MUNDO HUMANO. Las ideologías han llevado a la familia humana a una crisis sin precedentes o, mejor dicho, a una agonía. Hoy estamos ante el dramático espectáculo de una civilización que, por anti-natural, se muere. La hecatombe podría evitarse si quienes tienen el poder, cambian de raíz el actual sistema político y económico neoliberal (¡¡claro que no por uno colectivista!!). Pero quienes tienen esa capacidad de decisión no lo harán.

                Luego del muy próximo desmoronamiento del mundo de la “cultura ideológica”, que está siendo carcomido desde adentro por sus propias insuficiencias, se edificará un nuevo mundo sobre un nuevo paradigma. Depende de nosotros que esta cosmovisión no excluya al hombre, para que el mundo del futuro sea sencillamente humano.

                Sabemos que no hay solución en la “huida hacia atrás” de una ideología conservadora nostálgica de idealizados tiempos que no volverán. Ni tampoco en una “huida hacia delante” de una ingenua ideología quimérica. Basta de ideologías simplificadoras y empecemos a reflexionar sin ataduras conceptuales sobre las cosas que tenemos por delante.

Una es la tan mentada “globalización”, que no es nada novedoso. No se puede negar que los imperios antiguos, de algún modo, generaron globalizaciones. Hubo una globalización persa, una griega, una romana, una española. Hoy el desarrollo de los medios de transporte y los adelantos en las comunicaciones han conducido a la construcción de la “aldea global”. No podía evitarse. Y no hay nada de malo en vivir en un mundo globalizado. Lo nefasto es que se pretenda imponer como fundamento de la convivencia universal a la ideología liberal donde los banqueros ejercen una inhumana  hegemonía. Recordemos, al pasar, que el “proletarios del mundo, uníos” del marxismo, era también una invitación a una globalización sobre una ideología tan falsa como la liberal.

Deberemos reorientar este mundo globalizado sobre bases humanas. Y para ese nuevo mundo que vamos a edificar no habrá  que inventar mucho. Dejando atrás obsoletas simplificaciones ideológicas (como “derecha–izquierda” o “conservadorismo–progresismo”, o “liberalisno-socialismo” o “universalismo-nacionalismo”) inaplicables a la complejidad humana, sólo tendremos que poner algunas cosas en su lugar. Empecemos recordando lo que la Doctrina Social Católica enseña: que el hombre, en virtud del principio de libre iniciativa, es el sujeto, principio y fin de la actividad política y económica, y que la Comunidad, mediante el Organismo Estatal, tiene el derecho y la obligación de intervenir en función coordinadora, integradora y supletiva en defensa del hombre. Así el Hombre será respetado en su dignidad y el Estado dejará de ser desertor para ser promotor del Bien Común. Sólo así habrá Justicia Social en las diversas comunidades, y los hombres y las naciones podrán convivir armónicamente en un mundo que, de hecho, se ha hecho uno. Aquí en la Argentina, dejando atrás viejos rencores, deberíamos saber que “El Capital debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social. Sus diversas formas de explotación no pueden contrariar los fines de beneficio común del pueblo argentino.” (Constitución Argentina de 1949, Art. 39). Este sabio enunciado es aplicable a todos los pueblos y a todos los países.

En definitiva se trata, como dijo el Profesor Julio González, de dejar atrás un modelo mundial basado en la hegemonía del imperio de turno para pasar a otro modelo que sea expresión de la armonía entre las naciones.

Mapa del Sitio
Copyright © 1998-2007 - DS Tecnologia® manager@dstecnologia.com.ar