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El imperio de la Hipocresía Por Francisco José Pestanha
“...Pero que civilización es ésa que se enuncia con el ruido de los combates y viene precedida del estruendo de las matanzas...” José Hernández - 22/8/1869 -. El diccionario de la Real Academia Española en su edición del año 1970 nos señala que la Civilización es el “…conjunto de ideas, creencias religiosas, ciencias, artes y costumbres que forman parte y caracterizan el estado social de un pueblo o de una Raza…”. Tal definición nos refiere así al cúmulo de expresiones y manifestaciones de orden simbólico que caracterizan a una comunidad determinada. La historia de la humanidad da cuenta además que este tan particular vocablo, ha sido utilizado para destacar el nivel de evolución y desarrollo cultural de una determinada nación o grupo de naciones sobre otras, asignándosele de esta forma a dicho término un nítido sentido valorativo, como indicador de una desigualdad manifiesta. En ese sentido cabe recordar aquí la famosa dicotomía Sarmientina “civilización o barbarie”, donde la “civilización” pretendía representar al estadío cultural y tecnológico de la europa iluminista y romántica, y la “Barbarie”, al retraso del interior Argentino. Pero de una simple observación sobre la realidad, puede inferirse sin temor a equívoco, que nuestro planeta se encuentra habitado por numerosas comunidades que transitan su propio desarrollo evolutivo con mayor o menor grado de autonomía. Dicha diversidad constitutiva, se instituye así en motor de la evolución de la especie a partir de una dinámica de cooperación – confrontación que a la vez determina el estadío de cada uno de los componentes que participan de ella. Desde ese punto de vista - es decir de aquel que destaca una realidad social configurada por la coexistencia de componentes culturales diversos – la diversidad estructural que caracteriza el mundo de lo humano, no puede de manera alguna ser observada o medida a través de parámetros universales tal como lo hacía el conocido Sanjuanino y como aún se practica inclusive en nuestros ámbitos académicos. Ello es así por que para tal parametrización resultara factible, debería existir un acuerdo o consenso universal sobre el cúmulo de ideas que sobre las cuales homogeneizar culturas, y además, desarrollarse un instrumento que permitiera la tipificación de dichas pautas - hecho improbable - ya que las mismas forman parte de un universo de abstracciones imposibles de tipificar. Soy consciente que esta opinión despertará probablemente la reacción airada de algún compatriota influido aún por el racionalismo imperante, y sobre quien además el “efecto seducción” que suele emerger de las potencias dominantes ha calado hondo. La constante apelación en los debates vernáculos al mecanismo de comparación para parametrizar conductas propias da cuenta de lo afirmado precedentemente. Cabe destacar por otra parte, que dicho mecanismo suele estar presente en las elits de todas las comunidades sujetas a la dependencia colonial y que tiene como instrumento predilecto la denigración de todos los aspectos que, aunque relevantes para la cultura local, se contraponen al paradigma imperial. Pero al juego me han llamado y en tal sentido resulta apropiado formularse una serie de interrogantes respecto al paradigma civilizacional con pretensiones universales que impera en la actualidad de occidente y al que se suele recurrir para dimensionar culturas. Me refiero así al que emerge de la nación más poderosa de la tierra y que ha servido recientemente como excusa para invadir una serie de estados del mundo árabe El conjunto de valores sobre los que se asienta el paradigma civilizatorio norteamericano se concentra en una trilogía circunscripta a tres esenciales, la democracia, la libertad y los derechos humanos. Dicha trilogía - según sus mentores - resulta un nítido emergente de la conciencia universal desatada a partir de los horrores de la segunda guerra mundial. A consecuencia de esa tremenda conflagración donde fueron derrumbados los estados denominados por los vencedores como “totalitarios”, irrumpió un nuevo prototipo civilizacional sustentado en el reconocimiento de aquellos derechos humanos flagrantemente violados por dichos estados; en la democracia como el sistema de gobierno más apto para garantizar tales derechos; y en la libertad, como principio rector de la actividad social. El proceso de Nüremberg en ese sentido, se convirtió en icono y puntapié inicial a partir de cual los vencedores encabezados por Norteamérica, iniciaron el nuevo estadio de post - guerra. Pero los recientes testimonios fotográficos y fílmicos sobre torturas y vejaciones a prisioneros en Irak, parecerían estar demostrando otra cosa tal como aquellas recordadas imágenes de Vietnam y Corea. Mas allá que alguna mente ingenua pueda sostener que estos hechos han constituidos episodios aislados, lo cierto que los mismos han demostrado un sadismo solamente comparable a aquel que se pretendió dar por finalizado en aquel evento ius – internacional de Nüremberg. En estos días han aparecido nuevas pruebas que estos acontecimientos no han sido limitados a actitudes individuales, sino el producto de una programa deliberado para aplicar “ prácticas desarrolladas en la civilizada prisión de Guantánamo”. Esto sumado a los bombardeos indiscriminados sobre la sociedad civil y otros crímenes de guerra, dan definitivamente por tierra ese pretendido imperio de los “human rights” bajo el cual la potencia de turno pretendía civilizar al resto sumido en la barbarie. Una de las maneras de narrar la historia de la humanidad es aquella que parte de la descripción de la mismísima historia de los imperios. Cada uno de ellos ha aportado al planeta cuotas de “civilización y de barbarie”, y además, han sido destacados en el relato por alguna característica especial. Así por ejemplo el imperio romano ha sido distinguido por sus legiones y por sus desarrollos en el derecho; el inglés, por sus piratas y por su revolución industrial. Creo entender que las futuras generaciones podrán dar cuenta del actual imperio a partir de un calificativo excluyente, el de la hipocresía. * Se permite la reproducción citando la fuente.
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