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LAS IDEOLOGIAS Y LA GUERRA EL problema en que entra la humanidad moderna es el de la superpoblación o el de la infraproducción. En otras palabras: el hambre y la necesidad. La Providencia arbitra dos soluciones: la supresión biológica y el reordenamiento social. La guerra (como todos los medios de morir) es agente de la primera solución. Los nuevos regímenes (comunismo,' fascismo, nacional ‑socialismo, etc.) son ensayos en busca de la segunda. El capitalismo fue el vehículo de un siglo pasado, injusto, pero que permitió ir tirando" con el sacrificio de los más y el beneficio de los menos, hasta desembocar en el alzamiento progresivo de las mayorías populares sumergidas. La primera y la segunda guerra mundial han sido agentes naturales de supresión biológica y de lucha entre los sistemas de reordenamiento social. La tercera guerra, mas circunscripta, será la lucha entre las ideologías o sistemas sobrevivientes: el capitalismo y el comunismo. Es probable que una cuarta guerra sea de consolidación. Dentro de este problema, los ideales y soluciones proclamados por los sistemas en pugna son sólo sofismas, inexplicables e inaceptables para los que piensan con cierta independencia de prejuicios capitalistas o comunistas. EL capitalismo, en lucha por sus intereses, impuso al mundo su sistema, ordenador y práctico primero, ineficaz e injusto luego, inaceptable y anacrónico después. Ello dio nacimiento y razón de ser al comunismo teórico, que en la práctica fracasó. Sin embargo, fueron los errores del capitalismo los que lo fortalecieron, sus abusos los que lo tonificaron y sus ataques los que lo vigorizaron. EL CAPITALISMO SIGUE HOY SIENDO LA CAUSA: EL EFECTO ES EL COMUNISMO. Hoy luchamos por deshacernos de todo vestigio comunista, pero si no terminamos con la causa, es difícil que desaparezcan sus efectos. En los momentos actuales, lo conservador seria evolucionar inteligentemente. La caprichosa decisión del capitalismo, de conservarlo todo, lo llevará a perderlo todo. Si queremos salvar aún los únicos valores respetables que todavía puede enarbolar la humanidad será menester que nos decidamos a despojarnos de la carga de Intereses de un capitalismo a ultranza, injusto y culpable. Insistir en la injusticia, por incomprensión o interés, no es sabio ni prudente. Los que esperan una solución por la guerra sufrirán una terrible desilusión. La rebelión ocasionada por la miseria difícilmente podrá encontrar solución en una miseria mayor. EL JUSTICIALISMO, suprimiendo los abusos capitalistas internos e internacionales, ha dado origen a una evolución constructiva y salvadora. Sólo la ceguera inaudita del capitalismo puede haberlo impulsado a combatirlo. Sin embargo, con guerra o sin ella, el capitalismo y el comunismo están destinados a desaparecer. Sólo entonces se darán cuenta de cuánto más les hubiera valido comprender a tiempo que insistir en el error que ha de llevarlos a lo mismo, pero por el camino de la violencia, del sufrimiento y la destrucción. Por eso a los justicialistas, que han resuelto todos sus problemas, les resulta difícil comprender, y se resisten a aceptar la necesidad de luchar para conseguir lo que el justicialismo ya ha alcanzado sin lucha y sin dolor. Por otra parte, en la próxima guerra perderán todos. Los vencedores, si pretendieran imponer sus actuales sistemas, deberían enfrentar una nueva lucha, esta vez con sus pueblos. julio 26 de 1951
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