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Hay momentos en la vida de una persona en los que debe tomar resoluciones que van a durarle 10 o 15 años, o tal ves todo el resto de la vida.
El 5 de junio de 1946 yo creí que debía tomar una de las grandes decisiones, de la cual dependería toda mi acción de gobierno.
En ese instante de mi vida estudie la situación y tome la decisión que para mi era fundamental.
Les voy a leer lo que escribí en 1946 una mañana después de haber pensado toda la noche.
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EL DILEMA DE SER O NO SER
1) Cuando se viven tiempos de desbordados imperialismos, los estados, como Hamlet, ven frente a sí el dilema de ser o no ser.
2) Por eso, la cuestión más importante para el gobernante de hoy es decidirse a enfrentar al exterior si quiere ser, o sacrificar lo interno, sí renuncia a ser.
3) Cuando defienda su independencia, haga respetar su soberanía y mantenga el grado de dignidad compatible con lo que debe ser una nación, deberá luchar duro con los déspotas y dominadores, soportando virilmente sus golpes.
4) Cuando a todo ello renuncie, vivirá halagado por la falsa aureola que llega desde lejos, no enfrentará la Lucha digna, pero tendrá que enfrentar la explotación de su pueblo y su dolor que golpearán implacablemente sobre su conciencia. Tendrá a menudo que recurrir al engaño para que lo tolere a su frente y renunciará a su independencia y soberanía juntamente con su dignidad.
5) Esta es la primera incógnita que debo despejar en el gobierno de mi país, delante mismo de mi pueblo.
6) Yo me decido por mi pueblo y por mi patria.
"Estoy dispuesto a enfrentar la insidia, la calumnia y la difamación de adentro y sus agentes de afuera".
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