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LA DIGNIDAD DE LA IGUALDAD Y LA VERGÜENZA DEL SOMETIMIENTO"

 

EN la política internacional, como en casi todas las cosas de la vida, hay verdades aparentes y una verdad real. El secreto de la conducción que lleva al éxi­to está en desentrañar la realidad entre la ficción. Una falsa información, basada en una verdad aparente, sa­tisface y halaga a veces el propio pensamiento, pero no ayuda a triunfar. El éxito se elabora y construye sobre la realidad y no sobre las falsas apariencias, por halaga­doras que éstas sean.

“LA ERA COLONIAL HA PASADO", ha dicho el ge­neral Mac Arthur. Todos los pueblos "TIENEN EL DE­RECHO DE DAR FORMA LIBREMENTE A SUS PROPIOS DES­TINOS". Lo que los pueblos buscan ahora "ES LA DIG­NIDAD DE LA IGUALDAD, NO LA VERGÜENZA DEL SOME­TIMIENTO". Palabras sabias y prudentes, asestadas como un latigazo en el rostro de todos los entreguitas del mundo.

 

¿A cuántos de nuestro continente alcanzará esta lec­ción? ¿Cuántos políticos y publicistas al servicio de la traición y de la entrega oirán las palabras de un hombre sensato? ¿0 seguirá el dinero pesando más que la verdad y el anhelo de los pueblos?

 

EL error de muchos hombres de gobierno, en las de­mocracias inorgánicas del Nuevo Mundo, está en no interpretar y respetar las aspiraciones populares. Vi­vimos una época en que los gobiernos miran demasiado hacia afuera de sus fronteras y lo esperan todo de la ayuda que ha de venirles de los poderosos. Por eso, tam­bién, su política está influida por inscripciones forá­neas, acompañadas de abundantes medios económicos. Mr. Braden se quejaba amargamente de que, siendo embajador de Estados Unidos en la Argentina, se ha­blan invertido muchos millones de dólares para anular a Perón, pero que esos dólares le habian sido robados por los dirigentes políticos de la Unión Democrática, en vez de ser utilizados para comprar el favor popular. Olvidó Mr. Braden que "QUIEN DA PAN A PERRO AJENO PIER­DE EL PAN Y PIERDE EL PERRO". Y que si los gobiernos y los políticos, al decir de Napoleón, '.'todos tienen pre­cio", en cambio, los pueblos no se venden.

 

Como consecuencia de tales graves errores en la con­ducción política de los pueblos, se ha hecho casi una regla que los gobiernos estén divorciados del senti­miento popular y que, mientras ellos son un instrumento dócil del imperialismo, los pueblos sigan siendo fieles a los principios de libre determinación y soberanía. Sólo mediante tal aberración es posible observar la monstruo­sidad jurídica de gobiernos, delegados y órganos publi­citarios que sostengan la intervención en los países me­nores por los poderosos. De eso a la colonia hay un solo paso.

Todos estos hipócritas son doblemente traidores. Traicionan a su pueblo y engañan al poderoso. Muchos de ellos piensan lo contrario de lo que dicen: basta oírlos privadamente; En el fondo, no comparten la idea que apoyan y menos aún representan la voluntad popular ni transmiten el verdadero sentimiento de los pueblos que dicen representar. Es así que se está construyendo con estiércol sobre lodo y arena. ¡El terrible engaño en que estarán muchos que creen en las decisiones de con­junto! La evidencia vendrá después con la realidad de los hechos.

Los poderosos también trabajan para ser engaña­dos. Prefiriendo el apoyo y los falsos halagos, no pueden obtener la palabra libre y viril de los honrados y menos el sentir de sus pueblos, que, aunque sea una dura ver­dad, es siempre preferible a la agradable mentira.

Sin embargo, tras esa "agradable mentira todas

 

las conferencias resultan dirigidas hacia objetivos pre­concebidos y arreglados de antemano. Hasta se utilizan personeros para las "ponencias bravas" y se adelantan agentes de provocación para "tantear el campo", reclu­tados entre los corrillos de antesala que se utilizan como caballos de Troya para introducir entre los grupos.

¡A esto a menudo se le llama habilidad política! Es menester una gran independencia y una extremada pru­dencia para obrar correctamente y con la dignidad que impone el país, no cayendo insensiblemente en esta clase de "habilidades" que, por otra parte, no difiere en mu­cho de los métodos empleados por los jugadores con ventaja.

Cuándo llega la hora de las alabanzas en los discur­sos finales, ¡qué distinto lenguaje al de los conciliábulos privados o de antesala! Los diarios que cobran en moneda dura" establecen una verdadera carrera para ver quién elogia más y quién apoya mejor el sometimiento, mientras los pueblos cada día sienten más repugnancia y mayor vergüenza frente a la indignidad organizada.

 

Mayo 10 de 1951

 

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