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Estamos ante tiempos finales? por Adrian Salbuchi En 1971, en su obra - hoy inhallable - “Between Two Ages: America’s Role in the Technetronic Age” (publicada en castellano con el título “La Era Tecnotrónica” por Ed. Paidós, Buenos Aires), el politólogo polaco-estadounidense Zbigniew Brzezinski lanzaba el desafío de avanzar hacia un sistema mundial unificado de lo que, ya entonces, se avisoraba sería la “globalización”. Para lograrlo, solo era cuestión, según él, de “socializar el capitalismo” y “capitalizar el socialismo”. “Hay que encontrarse a mitad de camino” con el socialismo marxista dijo Brzezinski, preanunciando la Tercera Vía hoy impulsada desde la London School of Economics. Todo por supuesto en aras de la panacea de un democratiquísimo Nuevo Mundo Feliz, a forjarse una vez desplazada la mastodóntica Unión Soviética. Pues aunque a principios del siglo XX, la Unión Soviética conformaba un potencial modelo de globalización, su crecientemente estrepitoso fracaso en el gerenciamiento económico-financiero forzó la decisión - hacia los años setenta y desde instancias muy, muy por encima del Polítburo moscovita, de la Casa Blanca en Washington y del 10 Downing Street londinense – de promover la globalización venidera según el dogma de la “democracia” y la economía de mercado, en el sentido de que este sistema democrático conforma el sistema político favorito del poder del dinero. El dilema consistía entonces en cómo lograr ese Nuevo Orden Mundial sin llegar a un peligroso enfrentamiento potencialmente termonuclear entre la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia, por un lado, y el “Mundo Libre” liderado por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel, por el otro. Eso era en el lejano año 1971. Poco tiempo después, el banquero-petrolero David Rockefeller le encomendó a Brzezinski (entonces director del poderoso CFR, Council on Foreign Relations neoyorquino presidido por don David), que fijara las bases ideológicas para una nueva organización privada de planeamiento geopolítico – un “think tank” - a la que se le encargaría la tarea de gerenciar la infiltración capitalista dentro de la orbe soviética, para así terminar de minar sus endebles bases marxistas-leninistas, al tiempo que se promovería el ideario socialdemócrata dentro del “mundo libre”. Esa organización hoy es conocida como Trilateral Commission, fue fundada en Tokio en Junio de 1973 y diseño buena parte de este operativo de pinzas o tenaza, regido desde instancias superiores del poder planetario que desembocó en el actual Nuevo Orden Mundial globalizado. Reuniendo intereses financieros, industriales, y políticos de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, la Trilateral Comisión contaba entre sus fundadores a hombres como Giovanni Agnelli (il Cappo del Grupo FIAT que instaló gigantescas plantas capitalistas en plena Unión Soviética), James Carter (ya por entonces ungido como futuro presidente de Estados Unidos), Sir Henry Kissinger (operador geopolítico del partido republicano), Raymond Barre (ex-premier francés), Akio Morita (fundador de la Sony), el propio Brzezinski y otros 300 luminarios del Superior Gobierno Mundial “que se conocen entre sí y manejan todo el mundo”, según alguna vez se le escapara imprudentemente en los años veinte el industrial Walter Rathenau, fundador de la AEG – Allgemeine Elektrizitäts Gesellschaft – la General Electric germana de la que habla Lenin en una de sus interesantes obras (“El imperialismo como estadio superior del capitalismo”) . Desde sus inicios, la Trilateral Commission operó como una suerte de brazo internacional del más antiguo y complejo Council on Foreign Relations (CFR) y su hermana mayor británica, el Royal Institute of Internacional Affairs (RIIA, también conocido como “Chatham House”, nombre de la noble casona que alberga su sede en St. James’s Square en Londres) . La estrategia dio excelentes resultados pues, menos de veinte años después, caía el Muro de Berlín y se reunificaba Alemania (1989), y en 1991 colapsaba y se desintegraba la ex-Unión Soviética y el Pacto de Varsovia se esfumaba como una pompa de jabón. Veinte años demandó ese proceso. Nada malo considerando que se trató de un complejísimo proceso de reingeniería geopolítica planetaria que, incluso, se llevó a cabo de manera insólitamente “pacífica”. Desde entonces, se ha ido conformando una suerte de nueva “ideología” globalizadora, basada en la estandarización de lo “políticamente correcto”, el encumbramiento del sistema financiero por encima de los Estados nacionales y el dogma universal de la sacrosantidad del “mercado de capitales”, la ”mano invisible” que todo lo ordena (¿alguién se preguntará alguna vez por el brazo que mueve esa mano “invisible”, y por el cerebro que dirige ese brazo?) y el vástago de ambos, la Usura parasitaria apátrida e inmoral. Eran aquellos años marcados por la crisis del petróleo (1973), el gobierno de Carter (integrado en su casi totalidad por miembros de la flamante Trilateral Commission), el reciclado de los “petrodólares” hacia Latinoamérica (especialmente hacia la Argentina a partir de Marzo de 1976, una vez instaurado el gobierno “amigo” del “Proceso” cívico-militar astutamente regenteado por José Martínez de Hoz y estúpidamente custodiado por Videla, Agosti y Massera). Fue entonces cuando comenzó el drama – ya hoy catastrófico – de la “deuda externa argentina”. Fue entonces cuando se creó la sucursal local del CFR y de la Trilateral Commission en la Argentina: el CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales), fundado en Junio 1978 por Sir Henry Kissinger, Mariano Grondona, Fernando de la Rúa, Adalberto Rodríguez Giavarini, Roberto Alemann, Nicanor Costa Mendez, Jorge Wehbe, Rosendo Fraga y Roberto Lavagna, entre otros). Fue entonces cuando se le comienza a dar forma al modelo de Nuevo Orden Mundial en lo político a través del dogma socialdemócrata, que hoy impulsa la “transversalidad” política conocida como “Tercera Vía”, según la encarnan sus conspicuos adherentes como Bill Clinton, Felipe González, Tony Blair y Néstor Kirchner. Hoy, Argentina yace confundida, debilitada e inmersa en una decadencia sin precedentes, cuya podredumbre fluye desde las máximas instancias del Poder público y privado. Hoy Argentina se desliza hacia un abismo que amenaza con su disolución territorial, gracias a treinta años de perfeccionamiento del principal instrumento operativo de dominio del Nuevo Orden Mundial sobre nosotros: la deuda externa. Hoy, Argentina dispone - como ningún país del mundo - de instrumentos poderosos para pelear esa deuda fraudulenta e inicua, que le permitirían demostrar su ilegitimidad estructural. Pero nadie lo hace. Pues la Argentina ha sido ocupada por los agentes gerenciadores y operadores encubiertos (o no tan encubiertos) del Enemigo Usurero Planetario. Y esa ocupación nacional abarca la Casa de Gobierno, el Ministerio de Economía, el Banco Central, el Congreso, los máximos Tribunales de la Nación, los multimedios monopólicos y las fuerzas del dinero. Pues en los países marcados para su destrucción todo - en última instancia -; todo lo define el dinero. __________________________________ - Extraido de "El Traductor Gráfico" - Agosto 2004 © Adrian Salbuchi, Héctor Giuliano, Dénes Martos – Agosto 2004 - Permitida su reproducción parcial y/o total si se cita la fuene en forma detallada. - eltraductor@fibertel.com.ar - www.msra.com.ar - www.laeditorialvirtual.com.ar
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