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AEROLINEAS PRIVADAS Esta gansada nunca fue formulada, es gansada tácita o esotérica, no sé. El caso es que no se podía decir que Aerolíneas Argentinas abultaba el déficit fiscal porque daba resultado operativo positivo; ni que prestaba un servicio deficiente, pues era de las primeras compañías aéreas del mundo en seguridad y calidad de servicio; llegó incluso a aportar al Estado en 1978 por imposición de Martínez de Hoz; le prestaba servicios al Estado transportando sus funcionarios, cumplía con exceso las disposiciones de la ley de aeronavegación como aerolínea de bandera. Las explicaciones sobre su incapacidad para renovar la flota, quedaron al descubierto como pelotudeces cuando los gallegos de Iberia les enseñaron el “sell and lease back” (Cómo vender aviones para armarse de guita y luego alquilarlos de nuevo), que pudo emplearse en comprar unidades nuevas. Pero había que venderla. El único argumento cierto (que no es lo mismo que válido) pudo ser que era la empresa estatal más fácilmente vendible, para la que ya tenían interesados (Varig, Iberia, New Zealand), pero se cuidaron bien de esgrimirlo, no es cuestión de mostrarse cínico al cuete; estas trasgresiones impactantes se las dejaron a Guido di Tella (el famoso ofertador de relaciones carnales). Gansada arquetípica también ésta, resulta útil para demostrar la furia y cerrazón privatista, fuera por lo que fuera: había que venderla. Delenda est Aerolíneas. También resulta útil para desnudar la mentalidad privatista. Alguna vez, con otro diputado preocupado por el desguace indiscriminado al que asistíamos, explicamos a un subsecretario de Rapanelli, que AA no daba pérdidas. El tirifilo, muy típico de Barrio Norte, nos salió con una clásica muestra de ingenio nov de su claro: “¡Ah!, ¿no da pérdida?... mejor! así nos la van a pagar mas”. Si de pérdidas la privatizo, si no da pérdidas igual porque la vendo mas cara. Exactamente el mismo razonamiento recibimos en otra oportunidad para el INDeR. Había que privatizar porque sí. No argüían otras gansadas posibles (fomento de la actividad privada, dinero fresco –dólares- para pagar deuda externa, achicamiento del stock de bonos de nuestra deuda en poder de bancos), se hacía porque sí nomás. La historia de la entrega de A>A a Iberia, una empresa más endeudada y de peor desempeño que ella, así como el cuento de nunca acabar del cobro de los que los gallegos nunca nos terminaron de pagar, ya han sido contados. Incluidos los cuestionamientos con Germán Abdala hicimos hasta lograr estrenar una nueva forma de avocamiento de la Suprema Corte: el “per saltum” para impedir el cumplimiento de un fallo histórico del Juez Garzón Funes (que ordenaba suspender la venta) y para desconocer nuestra legitimación (o personería) como Diputados de la Nación para interesarnos en los negocios públicos de esta ralea. Lo que interesa es que no se cumplieron ninguno de los fines atribuidos a la privatización: no sabemos a la fecha cuándo se cobró el dinero en efectivo, la entrega de títulos ya dura más de un año y cuarto, el servicio no mejoró y (broche de oro) se consiguió constituir un monopolio aeronáutico de cabotaje que nunca existió, con su consecuencia de las tarifas más altas de la historia. Austral, no hace mucho privatizada por segunda vez (la primera había terminado con la quiebra patrocinada por Reynal, arrastrando a Soljet y dejando una ristra de clavos para UPF, el fisco y su personal) cayó en la volteada como consecuencia de las maniobras de Menotti Pescarmona para participar en este negocio pampa, y fue a parar a manos del consorcio Iberia. Paralizada LADE por disposición del superior gobierno, arruinadas Aerochaco, Cata, Laper, etc., por política de exterminio, los “cielos de la patria” quedaron libres para un monopolio, no del cóndor criollo, sino de buitres españoles... y a pagar chavales que no vinieron a hacer beneficencia. También aquí la eficiencia, digamos que “privada” (estatal española asociada con especuladores financieros propietarios de títulos de nuestra deuda externa, es demasiado largo: la siglo que correspondería: EEAEFPTDE también) , quedó demostrada; los muchachos necesitan tarifas más altas, tienen costo tan pesados como cualquier estatal, necesitan recuperar “lo invertido” y buenas ganancias. La “eficiencia privada” es eso: capacidad de lucrar y no administración económica, mejor servicio y tarifas bajas. ¡Pesetas, no puñetas!. La transparncia lograda en esta brillante operación demuestra que estos negocios se hacen sin plata (es lo que pretendía Pescarmona) todo se recupera en menos de un año. En este aso ni eso, de entrada todos ligaban. El asunto es así (ponga el lector música de pasodoble; o de esta de cuando entra el toro): ofrecían pagar 130 millones de dólares “al contado”, 2010 millones en títulos de la deuda (valor antes de María Julio 180 millones, según el pliego 250) y el resto en 10 cómodas cuotas semestrales con un período de gracia (de graciosos que son los salerosos, coño) de cinco años. Las cuentas cerraban; hipotecaban o vendían y alquilaban de nuevo 6 aviones por 225 millones de igual verde moneda, sobraban 95 para cumplir el plan de inversiones si Dios quería y el resto, a casa; unos 60 millones que bien le venían a Iberia endeudada hasta... donde no se debe endeudar uno, hombre!. Los títulos de la deuda los ponían bancos transnacionales, mansos ellos, que se iban a conformar con el 30% de la torta, una cotización del 25% -el doble que la supuesta en el pliego de venta- y el gusto de codearse con tan simpáticos caballeros de la banca (final de la música de corrida). Allí fue el tole-tole, porque los caballeros de la banca (y punto) no se conformaron con menos del 35% de cotización de sus asqueroso bonos-basura, cabrones. Y la de San Quintín, con los nativos avivados (Pescarmona, Zanon, Bonansea, Iglesias) que se quisieron colar en el negocio, los muy sudacas. Ni el auxilio del Banco de la provincia de Buenos Aires (versión subdesarrollada del 7° de caballería) salvó a las huestes aborígenes, que en la retirada debieron dejar en el campo de batalla Austral, sus armas y bagajes. Parece que en un amaine de la furia española, el empresario mendocino alcanzó a manotear 20 palos verdes y darse a la fuga (no se si ponerle a esta parte música de ésa que los brasileños llaman lamento de cornudos). Eliminados los problemas locales, los hijosdalgo se lanzaron a mejorar lo presente; pretendieron cambiar 1.200 millones de papeles de la deuda que baratos no conseguían, por deudas que empezaron a aparecer como hongos después de la lluvia: pasajes no volados, una “diferencia de inventario”, “desgaste” prematuro de los aviones y otras yerbas, hasta completar uno 175 millones (siempre verdes) por una sociedad que sabe Dios si alguna vez pagaron 130 en metálico, cash, efectivo, plata o como se llame. Lo que nunca les faltó a los muy majos fue imperturbabilidad facial, caradurez, bah. ...
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